El ‘Anillo’ simbologia de magia y poder

En muchísimas culturas, hemos notado la presencia de un ente místico, un símbolo realmente importante en la mitología o la religión, un elemento imprescindible para la “magia” de la tradición. De alguna manera, las leyendas metafísicas hacen presencia en el mundo real. Algunas culturas han optado por la veneración a animales, otras a alimentos, otras simplemente usan iconos o estatuas que representan sus dioses..

El hombre ha tratado por todos los medios, llevar a cabo ese poder que tienen sus dioses imaginarios. De ahí la creación de la magia, y como rama a partir de ella, la ciencia. Pero a los magos no les bastaba con hacer acto de presencia y decir un par de palabras mágicas para formular hechizos y sanar enfermos. Además, tenían que portar un objeto mágico que lo dotara de esta virtud, de este arte. Hablamos del anillo.

Pero el anillo no sólo aporta sabiduría a los magos, además tiene connotaciones de riqueza, soberanía y majestuosidad. Para llegar a esta conclusión hemos ido recopilando anécdotas de las culturas, leyendas y, en definitiva, mitologías más célebres de la historia del hombre.

Introducción a la historia

La tradición de cuentos de búsquedas de anillos nació incluso antes de que se construyeran las pirámides de Egipto o de que se levantaran los muros de Babilonia. Perduró a la gloriosa civilización griega y al poderoso Imperio Romano. Sobrevivió a la caída de los dioses paganos, y a la aparición de los iconos fundadores de las religiones más importantes del mundo contemporáneo: Buda, Cristo y Mahoma. Mientras la historia del mundo se abría paso y se iba tejiendo, las historias de los anillos perdidos continuaban, detrás del telón.

Las primeras leyendas de anillos aparecieron por vez primera entre los pueblos tribales, mucho antes de que comenzara a usarse la escritura. Podemos asegurar que han pasado unos cinco mil años entre el primer chamán que aseguraba tener un anillo mágico y la ópera prima de Tolkien. Este profesor de inglés y estudiador de los orígenes de la lengua anglosajona, creó una mitología épica muy amplia que abarcaba la eterna lucha entre el mal y el bien, la ambición y la resignación, el poder y la humildad. En este caso, la posesión del anillo significaba poder sobrenatural y poder sobre el resto de seres. El anillo te convertía en un dios, pero a su vez, te esclavizaba sin poder deshacerte de él.

La dactilomancia y las Guerras de los Anillos.

Gran parte de la mitología europea se basa en la búsqueda del anillo. Pero esta búsqueda no tuvo presencia exclusivamente en los cuentos de hadas y las leyendas sino que, además, es una gran parte de la historia real. La noción de que un imperio pudiera llegar a arruinarse a causa de una guerra provocada por un anillo es un evento histórico improbable, pero sí una sugerencia lícita: para el antiguo erudito Plinio la causa directa de la caída de la República Romana fue una disputa por un anillo.

Plinio escribió que hubo una pelea entre el famoso demagogo Druso y el jefe del senado Caepio por la posesión de un simple anillo. La disputa se convirtió en una lucha sangrienta, que más tarde desembocaría en la guerra civil, que acabó con la República Romana.

Otra tradición histórica, atribuye directamente a un anillo la caída del imperio marítimo de Venecia. En sus días de gloria, Venecia gobernaba el Mediterráneo mediante una flota poderosa. Para celebrar este poder marítimo, un día al año el Duque de Venecia salía al mar Adriático para festejar el “matrimonio” entre Venecia y el mar, y arrojaba un anillo de oro a las profundidades del mar Adriático. Varios días después de una de estas celebraciones, el Duque organizó una fiesta en la que se servía un gran pez. Cuando le sirvieron la correspondiente ración al duque, se encontró en el vientre del pez el anillo que él mismo había tirado. Esta devolución del anillo se interpretó como un mal augurio para el Ducado, ya que el anillo simbolizaba la alianza entre Venecia y el Mar. Pronto, los acontecimientos confirmaron la profecía: ese mismo año tuvo lugar el colapso del imperio veneciano.

La dactilomancia, o uso de anillos para la adivinación y la magia, se ha practicado seriamente a lo largo de la historia. También llevó a confusión este uso de anillos “mágicos”, ya que no se sabía exactamente dónde terminaba la magia y comenzaba la ciencia o la medicina. Un ejemplo claro ocurrió en Holanda en el siglo XVI. El hombre más instruido y el más excelente médico de la región de Arnhem (en aquel entonces Gelderland) fue llevado ante el Canciller por ser acusado de tener un anillo que le dotaba de sus poderes curativos. Además declaraban que el médico consultaba constantemente al demonio que estaba contenido en la alhaja. El médico fue proscrito de inmediato por hechicería y sentenciado a muerte.

En el siglo XIV, se dio un caso de posesión de un anillo mágico en el entorno a la casa real. La amante del Rey de Inglaterra Eduardo III, Alice Perrers de Anglia, fue acusada por el parlamento de encantar al rey a partir de anillos mágicos, y por esta razón, el rey abandonó la reina. Como consecuencia, Alice fue desterrada para siempre de la corte y de la sociedad de los nobles.

Un caso muy curioso se dio en la antigua Bizancio hace unos diecisiete siglos, cuyo rey fue tachado de incompetente. Por este motivo, los aristócratas consultaron a un oráculo. Éste practicaba la dactilomancia (adivinación por el anillo). La práctica consistía en hacer oscilar un anillo amarrado de una cadena sobre una tabla con un círculo con las letras escritas. Preguntaron quién sería el sucesor al emperador, y según los presentes, el anillo de oro decididamente fue de letra en letra hasta deletrear: T-E-O-D. El emperador regente, mandó a matar a Teodoro (popular aristócrata) y continuó con el cargo. Pero cuando el imperio comenzó a decaer, los visigodos atacaron al emperador, y en medio de esta confusión, subió al trono un despiadado general cuyo nombre era: TEODosio, conocido más tarde como el Emperador Teodosio el Grande.

Que lo creamos o no, es un asunto personal, pero sí podemos afirmar la presencia de una creencia popular, hasta el punto de llegar a condenar a muerte a personas por la posesión de anillos con poderes extraños.

Más casos de acusaciones

Otros casos que merecen ser fugazmente nombrados son los de Juana de Arco, acusada de utilizar anillos mágicos para hechizar y curar; el de Jerónimo, el Canciller de Mediolanum, cuya ruina y perdición se debió a la falsa sabiduría de un anillo profético que le hablaba. El de un tal Joalium Cambray, que se había convertido en esclavo de un anillo de cristal en el que podía ver todo lo que los demonios de su interior le demandaban. El de un artista veneciano llamado Pythonikes, acusado de obtener su virtud para la escultura de un anillo encantado (llegando a creer él mismo que su fama se debía al anillo) que además lo sometía a su poder, sin poder deshacerse de él (como el efecto que hace el Anillo Único en Frodo); etc. Todos estos casos se encuentran resumidos en un libro que escribió el célebre Sir Walter Scott.

Todos estos testimonios son reales. Es una evidencia de que la dactilomancia o “adivinación por el anillo” era muy usual en la antigüedad. Todos creían en esta magia y, en consecuencia, en demonios y brujas.

El nacimiento de la magia como tal, se debe en cierta manera, a la ignorancia del pueblo. Eran numerosas las técnicas a seguir en la dactilomancia, y eran usadas popularmente como método de detección de mentiras. Una de ellas era llenar un cuenco de agua, y un anillo que colgaba del dedo se balanceaba sobre el cuenco, y así, según la pregunta planteada, se obtenía una declaración, o confirmación, de su falacia o verdad. Si lo que declaraba era cierto, el anillo, sin ningún impulso exterior, golpeaba los lados del cuenco un cierto número de veces. La confianza en un acusado dependía de la simple oscilación de un anillo sobre un cuenco lleno de agua. Muchas atrocidades pueden ser contempladas en la historia de la humanidad.

La Iglesia y el Anillo

Para la Iglesia, el anillo simbolizaba las creencias paganas, y por tanto, el enemigo. La Santa Inquisición era la perseguidora de brujas y magos, y el anillo era la clara identificación de todos ellos. Así como el cristianismo está representado con una cruz, no cabe duda que la imagen representativa de las creencias paganas era el anillo. Además, era el símbolo dominante en la cultura vikinga, enemigo nato de la cristianización europea a finales del primer milenio (el anillo simbolizaba la adoración a Odín, dios vikingo). Después de la caída del Imperio Romano, los asentamientos cristianos, las iglesias y los monasterios en Europa recibieron el azote de la cultura vikinga durante siglos, por tanto, no es raro que la Iglesia viera en el anillo la mayor amenaza para la autoridad de la cruz.

Pero dentro de la misma Iglesia, el anillo representa una unión inseparable entre la relación divina y humana, por tanto, también es un elemento importante para los católicos: el Papa lleva un anillo como símbolo de posición y cargo como símbolo de sumisión perenne a Dios, como el resto de cardenales y sacerdotes que asumen una responsabilidad con la Iglesia; los matrimonios cristianos también llevan un anillo en su dedo como símbolo de alianza mutua e irrompible, donde Dios está como testigo; las monjas se “casan” con Cristo con un anillo de oro mediante el cual simbolizan sumisión.

El anillo en sí es un icono popular, y tiene un fuerte significado. Hay bastantes acepciones del anillo: unión, sabiduría, poder…

El anillo del alquimista

El anillo era también el símbolo del alquimista. El anillo en este caso tiene una forma determinada: lo forma una serpiente que se muerde la cola, representando la búsqueda del conocimiento prohibida por la Iglesia. Este anillo tiene nombre propio: Ouroboros. A causa de las persecuciones que sufrían los alquimistas, se vieron obligados a ocultar su sabiduría disfrazando sus escritos (que trataban de sus experimentos) en registros codificados. Para ello, transmitían sus estudios místicamente, al igual que la Biblia está basada en metáforas y fábulas, e inventaron un lenguaje secreto.

El secreto del anillo radica en su fabricación. En definitiva, la gran sabiduría de los alquimistas se basaba en el conocimiento de la metalurgia, que se ocupa del secreto de la fundición y la forja del hierro. Este arte fue descubierto hace unos tres mil años en las montañas del Cáucaso. Fue el secreto primordial de la época (la Edad de Hierro), que además fue celosamente guardado, ya que quien conocía el arte de la fundición del hierro era capaz de ganar cualquier batalla (nacimiento de las primeras espadas y lanzas). Además era un condimento fundamental para la creación de herramientas. La Edad de hierro transformó a simples campesinos en feroces guerreros culpables del despojo de tierra de aquéllos que no conocían el hierro. El héroe que conocía los secretos del anillo del alquimista, salvaba literalmente su nación.

Si uno examina en diferentes culturas el anillo como icono, se encontrará con ciertas constantes: el mago, el herrero, la espada, el enano, la doncella, el tesoro y el dragón. Son símbolos característicos de la fantasía épica, donde se ve mezclada la realidad con la aparente ficción.

El anillo vikingo

Ningún pueblo en la historia estuvo tan obsesionado con la búsqueda del anillo como los vikingos. El anillo significaba para ellos riqueza, honores, fama y destino para esta gente guerrera. Tal vez porque lo relacionaban con el poder de la metalurgia o de los alquimistas. Además, su mitología está ligada con este símbolo circular, ya que los dioses eran señores del anillo de los cielos y los reyes, eran señores del anillo de la tierra.

Entre los vikingos, el anillo de oro era una forma de valor corriente, un don honorífico, y a veces una herencia de héroes y reyes. Los barcos con anillos en la proa eran presagio de fuego, muerte y destrucción. He aquí un ejemplo de símbolo de poder bélico.

Los anillos de la mitología nórdica por lo general eran anillos mágicos forjados por los elfos. Estos anillos eran símbolo tanto de poder como de fama eterna. También eran símbolos de predestinación.

El Domhring (el Anillo del Destino, que estaba hecho de piedras monolíticas y se erguía frente a las puertas del Templo de Tor) era el símbolo más temido por los vikingos. En el centro de este anillo de piedras estaba el pilar del Dios del Trueno, Thorstein. Sobre él, los prisioneros eran ejecutados. En Islandia había un anillo similar donde se podían ver manchas de sangre (en el s. XII).

Pero dentro del templo del dios del trueno, había un anillo aún más poderoso. Se trata del anillo del Juramento de Tor, emblema de buena fe y tratos justos. Sobre él se juraba con solemnidad contratos sin capacidad de disolución. Cuando se iba a tomar un juramento, se sacrificaba un buey y se rociaba el anillo con sangre sagrada. Entonces se juraba solemnemente frente al resto de testigos. Para los vikingos este juramento era legalmente válido.

La boda de Arturo y Ginebra

Arturo fue el héroe elegido y ancestral del pueblo británico que veía en él a un rey noble que imponía armonía a donde quiera que iba. Una de las leyendas más conocidas del rey Arturo y los caballeros de la Mesa Redonda, trata de la búsqueda del Santo Grial (cáliz que usó Cristo en la Última Cena). Algunos mitólogos, como Richard Wagner, han identificado la búsqueda cristiana del Grial con la búsqueda profana del anillo. La Iglesia transforma el símbolo del anillo (enemigo para el cristianismo) en otro símbolo religioso, pero con las mismas virtudes y características.

Dejando a un lado la búsqueda del Grial, en las leyendas artúricas la búsqueda del anillo pone en peligro la seguridad del reino de Arturo: el anillo buscado en este caso es el anillo matrimonial de oro de su amada Reina Ginebra. La boda de Arturo y Ginebra tiene fines políticos. Cuando se casan, Ginebra lleva la mesa redonda a Camelot y los caballeros juran lealtad a los reyes, y como símbolo de esta alianza forjan un anillo de hierro, cuyo valor durará tanto como el anillo de oro matrimonial.

En las leyendas artúricas el anillo es símbolo de lealtad, alianza y unión. En esta historia, también cabe nombrar una espada que protege a su poseedor: Excalibur. Una vez más, esta espada prodigiosa con nombre propio, impide que su dueño pierda sangre mientras la empuña, aunque esté malherido.

Leyendas carolingias.

Así como Arturo era el héroe británico por excelencia, el sacro emperador de Roma, Carlomagno, juega su rol en el viejo continente. Sus aventuras se narran en los famosos “Cantares de Gesta”. Se le atribuye el mérito de ser el más enérgico destructor del culto de Odín y su equivalente germánico, Votan. El papel de Carlomagno como “defensor de la fe cristiana” era más intenso que lo que su título indica. Hizo que el Rin se convirtiera en su línea de batalla y suprimió de manera fortuita toda adoración no cristiana. Sin tolerancia alguna, quemó altares y derribó todos los templos paganos. Lo mismo hizo en el sur de España con los sarracenos (musulmanes). Combatió la marea del Islam con la ayuda de su legión y su espada.

Y una vez más, este héroe, también se ve mezclado con un anillo especial. En este caso, el poder subyugador del anillo tiene como objetivo el matrimonio entre Carlomagno y Frastrada (de la cual dicen además que es una diosa elfa). La leyenda se llama: “Carlomagno y el anillo de la serpiente”. En esta ocasión, el poder del anillo también es rechazado. La historia muestra que un anillo pagano aún tiene poder suficiente en la era cristiana como para vencer incluso a un héroe tan devoto como el Sacro Emperador Romano.

Cuando Frastrada y su reciente esposo se disponen a recoger los regalos de su boda, ven una gran serpiente con un anillo en la boca. Serpentea a lo largo del banquete y llega hasta la mesa real. Allí se alza y deja caer el anillo en la copa del emperador. Luego desaparece arrastrándose. Tomándolo como un buen presagio, Carlomagno se levanta y pone el anillo a Frastrada en la mano. Pero el anillo tiene un poder inimaginable para el emperador, y comienza a actuar en la reina. De inmediato el amor que siente Carlomagno por su mujer se dobla y redobla, llegando a resultar insoportable para ésta. Durante un tiempo todo continua con normalidad pero cuando Frastrada muere a manos de una enfermedad incurable, el Sacro Emperador se consume, descuidando el imperio. Turpin, consejero real,  le quita el anillo a Frastrada y se lo coloca él mismo en la mano. Ahora, el rey sigue a su consejero en todas las decisiones que tome. Turpin arregla la situación del imperio y poco después, se deshace del anillo arrojándolo en un lago cerca de un bosque. El emperador volvió a su estado natural, pero ahora tenía un vacío interior inmenso. Un día caminando cerca de un lago, se comenzó a sentir bien e hizo construir un castillo cerca de él. Así se construye Aix-la-Chapelle (Aquisgrán), que se convirtió en la capital del reino.

Mitos griegos y romanos

En todos estos mitos encontramos historias de gente que se mezcla con poderes sobrenaturales producidos por anillos o riquezas y fama simbolizados por éste. La antigua Grecia nos aporta un mito innovador: la forja del primer anillo.

La historia del primer anillo está unida al cuento de la llegada de los dioses y de la creación del hombre.

Los titanes fueron la primera raza en gobernar el mundo. Eran los hijos de Gea, la Madre Tierra. Eran tan altos como las colinas, y sabios y fuertes a la vez. También poseían poderes mágicos con los que obtenían riqueza y prosperidad. Uno de los más sabios, recibió el don de la profecía, se llamaba Prometeo. Predijo que la astucia y las artimañas de los dioses, la raza inferior, les haría capaces de vencer a los titanes. Cuando se produjo la guerra entre dioses y titanes, casi se consume el mundo. Prometeo no tomó parte en la guerra, y aunque le afligía el devenir de su pueblo, esperó distante otro destino: convivir con los dioses, surtiéndoles de sabiduría y conocimiento. Se dedicó además a la forja de metales y al uso del fuego. Eligió como discípulo a Hefestos, hijo de Zeus, y le enseñó todo lo que sabía. Prometeo además, fue quien creó a los hombres a partir de barro y les sopló el aliento de la vida. También fue él quien ofreció a los hombres el regalo del fuego. Conocemos ya la fábula consecuente de este atrevimiento, cuyo final fue la condena del titán, por parte de Zeus, en una montaña donde un águila venía cada día y le devoraba un hígado renaciente.

Entre los dioses y los hombres nacieron lazos de unión muy fuertes, y de tal unión nacieron vástagos muy honorables. El más poderoso de ellos fue Heracles. Éste, liberó a Prometeo de sus ataduras en la montaña. Entonces, Zeus le dijo que mantendría su palabra cuando dijo que lo mantendría encadenado, pero que al mismo tiempo lo dejaría libre: cogió un eslabón de la cadena de Prometeo y lo unió a una roca de la montaña. Luego tomó la mano del titán y alrededor del dedo cerró el eslabón. Así cumplió su promesa de dejarlo libre, pero mantenerlo encadenado. Esta es la historia del nacimiento del primer anillo. Se dice que después los hombres fabricaron anillos en honor a Prometeo, simbolizando el uso de la metalurgia, el compromiso y el agradecimiento por haberles creado y darles todo el conocimiento.

El anillo es un signo del herrero que es amo del fuego y del mago que es amo de la vida. Y aquéllos que son reyes de hombres llevan el anillo como signo de que descienden de Prometeo y de los titanes que en una ocasión gobernaron la tierra. Curiosamente, Prometeo, el padre del hombre, el que regala el fuego y es el señor de los herreros, tiene uno forjado con hierro de las montañas del Cáucaso: el mismo lugar donde se descubrió el secreto de su fundición. En este hecho, se ve la conexión entre la realidad y el mito, que no es otra cosa que la explicación mediante fábulas (cuyos personajes son admirados e imitados por los hombres) de la realidad.

Las leyendas bíblicas

En tiempos bíblicos, todos los reinos y naciones habían aceptado hacía mucho la tradición del anillo como símbolo de autoridad del monarca. El anillo del rey no sólo lo señalaba como monarca, sino que se podía decir que el anillo mismo tenía poder. A menudo, durante la ausencia del rey, se podía utilizar el anillo o su sello como extensión de la autoridad del gobernante.

Estos anillos de autoridad tenían muchas formas. Normalmente eran anillos con un grabado o un símbolo y nombre del señor, y con un sello de piedra, cristal, ámbar o incluso gemas que podía imprimir la marca del rey con tinta o sobre cera o arcilla. El equivalente más común es la firma.

El faraón de Egipto llevaba un gran anillo de ébano con un escarabajo engarzado en oro. El escarabajo se ponía sobre un engaste giratorio y cuando se le daba la vuelta revelaba el jeroglífico: el gran sello del faraón. Ser dueño del anillo significaba ser dueño de Egipto, pues el sello representaba la palabra del faraón, y ésta era ley sagrada.

En la Biblia, se cuenta la historia de José, que tras ser vendido por sus hermanos, ocupó un puesto de consejero junto al faraón vigente de Egipto, quien le regaló su anillo, haciéndole gobernante y señor. Así demostró su confianza plena en la palabra de José.

Además, Moisés era asociado muy a menudo con el uso de anillos mágicos.

Pero la leyenda relacionada con el anillo judeocristiana más conocida es la leyenda del Rey Salomón. Él era un rey poderoso, un hombre sabio y además, el mago más poderoso de entonces. Estos poderes se explicaban por la posesión de un anillo que corrompe a aquél que lo lleva. El arcángel Miguel fue quien lo dotó de tal tesoro. Y le dijo que sería capaz de dominar a todos los demonios de la tierra, y con su ayuda, construiría Jerusalén. Con el anillo sería capaz de conocer la lengua de las aves, los animales y los peces, y nada en la tierra le estaría oculto. Este anillo, se cree, fue guardado en el Santo Santuario, en el Arca de la Alianza.

Bibliografía

  • “El Señor de los Anillos”
  • Enciclopedia Larousse
  • “Sobre cuentos de hadas” (JRR Tolkien)
  • www.culturaclasica.com
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