La Habana de santeros y conquistadores

Fundada en la primavera de 1514, más al sur, con el nombre de San Cristóbal de La Habana, La Habana es el principal centro de la vida política, económico y sociocultural de la nación siendo sede de las oficinas del gobierno y del Partido Comunista cubano así como de las principales instituciones culturales y científicas del país. En 1982, su Centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco..

Emma Vía Flickr
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Introducción a la historia

La tradición reconoce como fecha de fundación el 16 de noviembre de 1519 cuando se estableció su tercer y definitivo asentamiento, por el conquistador español Diego Velázquez de Cuéllar como una de las siete primeras villas de Cuba. Su denominación surge de la fusión del nombre del santo escogido como patrón y del nombre por el cual se le conoció en sus primeros asentamientos: Habana. Gentilicio Habaneros.

Aunque hay varias hipótesis del origen de este nombre, la hipótesis más aceptada lo deriva de un cacique taíno llamado Habaguanex, que controlaba la zona de su primer asentamiento.

La Habana se convirtió en un astillero muy importante y famoso por la calidad de las maderas que empleaba y la habilidad de sus artesanos y carpinteros de ribera, construyéndose allí “La Santisima Trinidad”,  un buque insignia de la Armada Española.

El 10 de julio 1555 el pirata Jacques de Sores atacó y tomó La Habana después de sitiar durante un día a los defensores de la primitiva fortaleza y haber huido cobardemente el gobernador hacia el vecino emplazamiento de Guanabacoa.

La Habana resurgió en varias ocasiones de los escombros y cenizas a que la reducían de cuando en cuando los piratas y corsarios franceses durante la primera mitad del siglo XVI,  hasta que en 1561 la Corona dispone que la ciudad sea el lugar de concentración de las naves españolas procedentes de la colonias americanas antes de partir para la travesía del océano, por lo que se construyen defensas militares a la entrada de la bahía de La Habana y en sitios estratégicos y logran hacer de ella la ciudad mejor defendida del Nuevo Mundo.

Emma -Vía Flickr
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Oro y plata, lana de alpaca de los Andes, esmeraldas de Colombia, caobas de Cuba y Guatemala, cueros de la Guajira, especias, palo de tinte de Campeche, maíz, patatas, mandioca, cacao son las materias primas que llegan en los veleros al puerto mejor protegido de América, entre marzo y agosto, para formar los grandes convoyes que, custodiados por las naves militares, parten en días señalados rumbo a España.

Con ellos, miles de marinos, funcionarios, colonos, comerciantes, aventureros llegan en la incipiente ciudad, que crece desde el puerto a ritmo vertiginoso.

Origen de la Santería

Comenzó como un secreto entre los esclavos provenientes de África, que resistieron a la imposición religiosa que la colonia española mantenía en Cuba; con el tiempo, ambas se fusionaron dando como resultado un sincretismo especial. De este contacto surgieron deidades novísimas, consecuencia de las identidades entre los dioses africanos y los nombres de los santos católicos.

La Santería es una religión que tiene sus orígenes en la tribu Yoruba de África. Los Yorubas vivían en lo que se conoce hoy como Nigeria, a lo largo del Río Niger. En un tiempo tuvieron una poderosa y compleja estructura organizada en una serie de reinos, de los cuales el más importante era Benin, teniendo una duración de doce siglos   hasta el 1896.

A finales del siglo XVIII y principios del XIX, los Yoruba pelearon una serie de guerras con sus vecinos y entre ellos. Estas peleas internas y los ataques externos llevaron a la caída y esclavización del pueblo Yoruba. Entre 1820 y 1840, la mayoría de los esclavos enviados desde Benin eran Yorubas. Estos esclavos fueron llevados a Cuba y a Brasil para trabajar en las plantaciones de azúcar. Los Yoruba pronto fueron llamados los “Lucumi”, debido a su saludo “oluku mi”, “mi amigo”.

Las leyes españolas, al mismo tiempo que permitían la esclavitud, trataban de atenuar esa injusticia concediendo a los esclavos algunos derechos, al menos en teoría. Tenían derecho a propiedad privada, matrimonio y seguridad personal. También las leyes exigían que los esclavos fueran bautizados católicos como condición de su entrada legal a Las Indias.

La Iglesia trató de evangelizar a los africanos lucumí pero las condiciones eran muy difíciles. Además de la escasez de sacerdotes, la injusticia de la esclavitud dificultaba que los lucumí comprendieran y aceptaran lo que se les enseñaba acerca de Dios. Las buenas almas que buscaban ayudarles y evangelizar eran de la misma raza que aquellos otros que les oprimían. El resultado fue que muchos aceptaron exteriormente las enseñanzas católicas mientras interiormente mantenían su antigua religión.

Con el triunfo de la revolución comunista en Cuba en 1959, más de un millón de cubanos se exilaron en otros países (principalmente en USA, en Miami, New York y Los Angeles). Entre ellos habían santeros que propagaron la Santería en sus nuevos ambientes.

La Santería adora una fuerza central y creativa llamada Olodumare. De él procede todo lo que existe, y todo regresa a él. Olodumare se expresa a sí mismo en el mundo creado a través de Ashe. Ashe es la sangre de la vida cósmica, el poder de Olodumare hacia la vida, la fuerza y la justicia. Es una corriente divina que encuentra muchos canales de mayor o menor receptividad. Ashe es la base absoluta de la realidad.

Creen que la vida de cada persona viene ya determinada antes del nacimiento en Ile-Olofi, la casa de Dios en el cielo. Aquellos que no lo cumplen serán castigados por los orishas y deben reencarnarse hasta satisfacer el castigo.

Los Santos

Los católicos veneran a los santos comprendiendo que son seres humanos que vivieron heroicamente su fe, murieron y están ahora en el cielo desde donde interceden por nosotros gracias a su participación en la gloria de Jesucristo.

Los santeros tomaron la figura de los santos mas populares en Cuba pero para ellos ya no representa al santo sino a un orisha lucumí. Estos son dioses creados por Olodumare para manifestar su voluntad y su esencia en la creación. Estos son una personificación de Ashe. Los orishas también son los guías y protectores de la raza humana. Hicieron lo mismo con cada advocación de La Virgen Santísima conocida en Cuba.

La identificación del orisha con la figura del santo a menudo tiene que ver con las vestimentas o las razones por las que el santo o la Virgen es conocida. Así Santa Bárbara, vestida de rojo y con espada en las imágenes católicas (símbolos de su martirio), se identifica con el dios shangó, guerrero a quien se le atribuye la fuerza.

Tangeria 1876 Fotografía de José Tapiro Baró . Dahesh Museum of Art
Tangeria 1876 Fotografía de José Tapiro Baró . Dahesh Museum of Art

El ritual

La rica tradición espiritual de la isla atrae no sólo a los cubanos. Muchos adeptos de otros países prefieren realizar algunos rituales precisamente en este país, considerado como un ‘santuario’ para los santeros. Por un lado, esta peregrinación reporta ganancias a la dañada economía de la nación caribeña, pero por otro es severamente criticada por los clérigos.

Todo indica que lo que se mueve en torno a la santería tiene un carácter de negocio que muchas veces implica sumas importantes de dinero, y se hace habitual la llegada de  personas del extranjero para “hacerse santos o recibir tales o cuales poderes”.

Para muchos cubanos la santería no es sólo un sistema de valores que les ayuda a superar las dificultades cotidianas, sino también algo que les permite participar en ceremonias que antes se celebraban en la clandestinidad y, de este modo, aproximarse a la cultura de sus antepasados.

El primer paso es contactar con verdadero santero y en esto hay que tener precaución para no caer con charlatanes, ya que es usual que falsos ministros se disfracen, pongan su negocio en cualquier esquina y le chupen la sangre a cualquiera que tenga más de diez dólares.

De entrada, el santero o babalawo debe hacer una tirada de caracoles, para que revele al consultante cuál es el Angel Guardián (Orisha) que le corresponde y establezca así su protección en todas las situaciones de su vida. Si el cliente está de acuerdo en seguir el rito, se le preparará en los días subsecuentes una ceremonia para que el santo se le presente e indique cómo debe guiar sus pasos para abrir el entendimiento y encaminarse hacia una vida sin trabas.

Claro, que no es cosa fácil. El involucrado debe cumplir con ciertos requerimientos, como disponer de siete días en La Habana, en una atmósfera de ron, tabaco, comida, rezos, sacrificios y tambores..  El santo “bajará”, revelando el pasado, presente y futuro del cliente. Los costos giran en torno a la importancia del santo y puede ir de los 500 a los 3,000 dólares.

Habrá que agendar una libreta de misas y ceremonias, vestir colores blancos durante un año, no salir de casa durante tres meses, no rasurarse y no tener sexo durante determinado tiempo, entre algunas otras restricciones. Lo esencial será comprar animales para sacrificar, cáscaras, semillas, hierbas, cuentas y collares de colores, velas, mascadas y tambores.

El callejón de Hamel

Se trata de uno de los principales focos de cultura afrocubana que hay en La Habana. Su historia se remonta a los años 1989-90, cuando empezó a gestarse este proyecto cultural comunitario que ha dado como resultado una especie de galería al aire libre donde podemos sumergirnos en la cultura afrocubana.

Hablar del Callejón de Hamel es hablar de Salvador González Escalona, el escultor y muralista cubano que transformó esta pequeña callejuela para plasmar y difundir los orígenes africanos de la identidad cubana. Todo comenzó cuando uno de los vecinos del callejón le pidió que le pintara la fachada de su casa. Salvador, así lo hizo, pero al ver el mal estado en que se encontraban las de los demás, decidió arreglarlo todo. Salvador González comienza entonces a elaborar una serie de murales donde aúna elementos religiosos y culturales. En estos murales, el artista muestra desde un punto de vista surrealista y abstracto la esencia mítica y mágica de la cultura afrocubana, así como las carencias, los deseos y las ambiciones de las personas que viven en el callejón.

Uno de los primeros habitantes del callejón fue Fernando Belleau Hamel, un ciudadano estadounidense de origen franco-alemán que compró unos terrenos en la barriada de Cayo Hueso a principios del siglo XX. Allí puso en marcha un negocio de materia prima y fundición y dio trabajo a numerosa población negra y china. Incluso les construyó casas para que vivieran. Este hecho hizo que se recordara al lugar con el nombre de Callejón de Hamel, que incluso estuvo a punto de desaparecer en 1913, cuando el gobierno neo-colonial intentó comprar los terrenos.

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Art: Gerardo Gómez Vía Devianart

La gratitud, como ciertas flores, no se da en la altura y mejor reverdece en la tierra buena de los humildes. José Martí 1853-1895. Político y escritor cubano.

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