El crímen de Asunta Basterra

En la madrugada de un 22 de setiembre de 2013 hace aparición el cadáver de una niña de doce años que ni por asomo hacía presagiar en lo que derivó:  el caso Asunta Basterra. Hay padres o madres que matan a sus hijos. Normalmente, para herir al otro. Por venganza. En la perturbada mente homicida estos actos tienen una lógica por cruel y enfermiza que sea. Que una madre y un padre presuntamente planeen y ejecuten conjuntamente el asesinato de su propia hija desborda por completo todo lo comprensible. Solo queda exigir a la justicia que sea justa, porque no siempre lo es..

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El último día de Asunta Basterra

Las grabaciones de distintas cámaras de seguridad, la autopsia y los hechos admitidos por sus padres permiten reconstruir buena parte de las últimas horas que pasó con vida la niña.

La noche antes de su asesinato, Asunta duerme en el piso de su padre, Alfonso Basterra. Su madre, Rosario Porto, pasa todo aquel viernes 20 de septiembre del 2013 con su amante en Vilagarcía de Arousa y Pontevedra. La niña se levanta temprano el sábado. Tiene clase de chino. A las 9.30 horas ya está de vuelta en el número 31 de la calle Doutor Teixeiro de Santiago, donde vive y donde ha quedado a las 10.15 horas con su profesora. La lección dura una hora y media, pero la maestra tarda en irse hasta las 12.10 horas porque se queda charlando con ellas y tomando los pastelitos chinos que les ha llevado. La pequeña los prueba, pero no le gustan.

Asunta y su madre han quedado con su padre. Van a comer los tres en el piso de él. La niña sale sola antes que Rosario Porto porque quiere llegar a tiempo para ver su programa favorito: Los Simpsons. A las 13.55 horas deja su casa y recorre a pie los poco más de veinte metros que separan su edificio del apartamento que había alquilado Basterra en el número 8 de la calle República Arxentina. Llega justo a las 14 horas, cuando empieza el capítulo. La cámara de seguridad del banco que hay en la esquina de ambas calles la graba pasando vestida con una camiseta blanca y unos pantalones cortos y portando en su mano una chaqueta de chándal azul grisácea. La misma ropa, salvo los pantalones, con la que aparecerá muerta once horas después.

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Asunta se va directa al sofá para no perderse Los Simpsons. Su padre, mientras, prepara la comida. Es frugal, porque sirve un único plato: revuelto de champiñones. Porto llega sobre las 14.30 horas y los tres se sientan a la mesa. Según el fiscal y la acusación popular, es en ese momento cuando los padres machacan varias pastillas de un sedante de marca Orfidal cuyo compuesto es el lorazepam y las mezclan con el alimento. La autopsia sitúa la ingesta del medicamento entre las 15 y las 17 horas, cuando la niña está con sus padres en casa de Basterra. Además, en el vestido negro que lleva Rosario Porto se hallan después polvos del compuesto en la parte inferior. A la altura del muslo, como si ella se hubiese limpiado en su ropa los restos de las pastillas machadas.

Asunta abandona la casa de su padre a las 17.21 horas. Camina sola y aparentemente normal. Por el tiempo transcurrido y por haber comido, el Orfidal aún no le ha hecho efecto. A las 17.28 horas, Rosario Porto sale del piso de su exmarido. Va a pie hacia el garaje que tiene en la calle Xeneral Pardiñas. Allí llega a las 18.12 horas. Después conduce su coche de nuevo hacia su domicilio, donde se detiene. Pasa una hora en la que nada se sabe a ciencia cierta sobre dónde está Asunta. Reaparece a las 18.24 horas. Su última imagen la recoge la cámara de la gasolinera de Galuresa en la calle Hórreo. Es la última vez que se la ve con vida. Antes tuvo que subirse al vehículo. ¿Estaba sola? Una adolescente que conocía muy bien a la niña, porque iba a clase de francés con ella, asegura que no y que en ese momento la acompaña Alfonso Basterra.

En la casa de Teo

Rosario Porto y Asunta llegan al chalé de Montouto en Teo a las 18 horas, 31 minutos y 54 segundos, que es cuando desconectan la alarma de la vivienda. La madre asegura que se marchan de allí enseguida, pero el fiscal y la acusación popular sostienen que es allí donde ella, junto con Alfonso Basterra, asesinan a la pequeña.

La autopsia señala que Asunta muere entre las 16 y las 20 horas del 21 de septiembre del 2013. A las 18.24 horas está viva en el asiento del copiloto del coche de su madre y a las 18.31 horas está entrando en el chalé de Teo. ¿Qué pasa en la siguiente hora y media? Las acusaciones aseguran que sus padres la suben a una habitación del primer piso de la casa de Teo para matarla. Está ya muy drogada, porque tiene una concentración en sangre de Orfidal 17 veces superior a la considerada como normal.

Tan sedada, Asunta está a merced de sus verdugos, siempre según la investigación. La atan de pies y manos con una cuerda naranja que la Guardia Civil localiza después tanto en la casa de Teo como junto al cadáver, en la pista donde fue hallado. Le tapan nariz y boca con un objeto blando y deformable, probablemente un clínex, y presionan para asfixiarla. La niña se ahoga y sufre espasmos. Lucha instintivamente por sobrevivir. Convulsiona buscando aire y golpea con su nuca en el suelo, pero apenas tiene fuerzas para luchar contra las manos que le ahogan. Las pequeñas lesiones que se producen en su carrillo, su nariz, sus pulmones y su intestino permiten a los forenses reconstruir su asesinato.

La investigación sitúa la muerte de Asunta sobre las 19 horas. El informe de geolocalización fija el móvil de Rosario Porto a las 19.29 horas en la casa de Teo. La madre vuelve a activar la alarma de la vivienda a las 20.53 horas y a las 21 horas unos vecinos la ven frente al portalón de entrada del chalé. Está subida a su coche y con el motor apagado. Al verles, arranca. Según la acusación, el cuerpo sin vida de la niña ya va en ese vehículo. En él la llevan a menos de cinco kilómetros y la dejan en la pista forestal de Feros (Teo) donde la hallan pasada la una de la madrugada del 22 de septiembre.

Mientras matan a la pequeña, la mejor amiga de Asunta la echa en falta. No sabe nada de ella desde que a las 17.25 horas el teléfono de la niña envía un wasap al grupo que dice: «Alah (sic). Ahora digo yo adiós porque me voy a hacer los deberes». Cuando se entera de la desaparición pregunta por ella a todo el mundo. Nadie la ha visto. Desesperada, le envía un wasap a las 22.35 horas: «Asunta». Tras tres minutos de silencio repite: «¿Asunta?». Pero su amiga ya está muerta y su cadáver tirado en una pista forestal.

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Presuntos culpables

A pesar de que los investigadores siempre han defendido la fortaleza de las pruebas existentes contra los padres, algunos elementos de la investigación han empañado las diligencias y han llevado a las defensas de los acusados a sostener la existencia de una tercera persona implicada.

Durante los análisis en Madrid de la ropa de la niña, el laboratorio de la Guardia Civil detectó la presencia de un “fluido biológico” en la camiseta de Asunta, que finalmente fue identificado como semen. La muestra, que la investigación considera “ajena” al proceso, pertenece a un joven madrileño que estaba siendo investigado por una supuesta agresión sexual.

Para las defensas de Porto y Basterra, este elemento prueba que en la muerte de la niña participó una tercera persona, mientras que la acusación popular, que ejerce la Asociación Clara Campoamor, defiende que fue fruto de una contaminación en los laboratorios. El hombre del semen fue inicialmente imputado en la causa, aunque, tras las pruebas aportadas por su defensa y las declaraciones, el juez creyó probado que se encontraba en Madrid el día de la muerte de Asunta.

Siete hechos clave para el juicio

El jurado deberá decidir si cree probado que a la pequeña la drogaron en la comida y que la asfixiaron en la casa de Teo tras atarla de pies y manos.

Un juicio con jurado popular no es como muestran las películas de Hollywood. En España, los miembros del tribunal, que está presidido por un magistrado profesional, no solo deben decidir si el acusado es o no culpable. Su tarea es mucho más compleja. Les presentarán un cuestionario con los hechos clave del caso y ellos deberán decidir, motivando su respuesta, si tras lo oído y visto en la sala consideran que han quedado probados o no. Son los llamados hechos justiciables. En este caso se han establecido cinco principales, que determinarán si los acusados son declarados culpables, y dos más relativos al grado de ejecución del delito.

El plan conjunto: La sedación. Al jurado le preguntarán en primer lugar si consideran probado que el 21 de septiembre del 2013 Rosario Porto y Alfonso Basterra comieron juntos en el domicilio del padre y si, como resultado de un plan ideado conjuntamente y con la intención de asfixiarla cuando le hiciese efecto, le suministraron a la pequeña una cantidad tóxica de un medicamento sedante cuyo compuesto es el lorazepam. En este punto el fiscal y la acusación popular tendrán en la autopsia su principal arma a favor. Los forenses determinaron que la ingesta del Orfidal se produjo durante la comida, entre las 15 y las 17 horas, porque estaba mezclado en el estómago con los alimentos ingeridos. La niña estaba por tanto junto a sus padres. Además, el análisis de la ropa de la madre detectó polvos de Orfidal en la parte inferior del vestido negro que portaba, lo que apoyaría la idea de que machacaron las pastillas para suministrárselas a la pequeña.

El viaje en coche: La casa de Teo. El tribunal popular deberá también determinar si estima probado que Rosario Porto, tras aquella comida en casa de su exmarido, llevó después de las 18 horas a Asunta a la casa familiar de Montouto (Teo), utilizando para ello su coche. Este aspecto está ya probado y admitido por la acusada. Inicialmente no dio esta versión, pero tuvo que desdecirse y admitirlo al saber que la habían grabado varias cámaras de seguridad. La Guardia Civil presentará una secuencia de imágenes en la que se ve como a las 18.12 horas entra en su garaje, del que sale tres minutos después conduciendo su coche por un recorrido que la lleva hasta su piso, donde admitió que recogió a la niña. La última de estas imágenes se toma a las 18.24 horas en una gasolinera en la salida de la ciudad hacia Teo. La acusada reconoció que fue a la casa de Montouto con Asunta, a donde llegó a las 18.31 horas, aunque aseguró que la pequeña no llegó a entrar en la vivienda.

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El asesinato: Asfixiada. Esta es una de las cuestiones básicas. El jurado deberá decidir si es cierto que en un momento comprendido entre que la menor es llevada a la casa de Teo y las 20 horas, Rosario Porto y Alfonso Basterra asfixiaron a su hija por medio de la compresión que le aplicaron sobre la boca y la nariz. Nuevamente, la autopsia -prueba casi imposible de refutar- deja claro que Asunta murió asesinada mediante asfixia por sofocación. Las defensas de sus padres tratarán de convencer al tribunal de que no fueron ellos quienes lo hicieron. Fiscal y acusación popular presentarán un pañuelo de papel como la probable arma del crimen. Es blando y deformable, como dicen los forenses que fue el objeto con el que asfixiaron a la niña, y contenía ADN de la víctima y de la madre. Fue hallado en una papelera de mimbre junto a un trozo de cuerda naranja idéntica a la que había junto al cadáver. En el primer registro policial del inmueble, Porto intentó coger esta papelera, pero un Guardia Civil se lo impidió.

La cuerda naranja: Atada de pies y manos. También deberán pronunciarse en el juicio sobre si creen demostrado que, en un momento próximo a la muerte, los acusados ataron a Asunta por los brazos y por los tobillos por medio de unas cuerdas plásticas de color naranja. La autopsia lo deja claro, por las marcas y laceraciones que le dejaron las ataduras. Además, junto al cadáver aparecieron varios trozos de cuerda naranja.

El traslado del cuerpo: La pista forestal. La última cuestión principal sobre la que se tendrá que pronunciar el jurado es si estiman probado que Porto y Basterra llevaron el cuerpo de su hija a una pista forestal del lugar de Feros (Teo). El lugar dista menos de cinco kilómetros de la casa en la que presuntamente se ejecutó el crimen. Las acusaciones harán hincapié en que en el suelo del asiento trasero del coche se encontraron fluidos de Asunta y en que curiosamente al vehículo le faltaban las alfombrillas. Además, los trozos de cuerda naranja hallados junto al cuerpo son idénticos a la bobina que fue localizada en la casa de Teo, lo que une ambos escenarios.

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La postura de la defensa

Las defensas de Rosario Porto y Alfonso Basterra seguirán previsiblemente distintos caminos en el juicio que comienza este martes. La de la madre de Asunta, que ejerce José Luis Gutiérrez Aranguren, pondrá en duda los resultados de la autopsia para sugerir que la niña podía estar aún viva mientras sus padres, a las 22.30 horas, estaban ya en la comisaría de Santiago denunciando su desaparición. Después de ese momento estuvieron localizados en todo momento por la policía, por lo que no pudieron perpetrar el crimen. La madre aceptará que llevó a Asunta a la casa de Teo, pero defenderá que volvió casi inmediatamente a Santiago con ella y que la dejó allí. Para explicar sus movimientos posteriores afirmará que hizo varios viajes al Decathlon del polígono del Tambre, pero que no llegó a entrar porque se olvidó el bolso.

La abogada de Alfonso Basterra, Belén Hospido, seguirá una línea de defensa diferente. Básicamente, afirmará que no sabe nada de los hechos más allá de lo que le contó su exmujer. Insistirá en que él pasó toda la tarde en su piso y presentará como prueba el que ninguna cámara de seguridad le grabó en la calle. Sin embargo, fiscal y acusación popular presentarán el testimonio de una testigo, una adolescente que conocía a Asunta porque iba a clases de francés con ella, que declarará que aquella tarde vio en la calle a la pequeña junto a su padre. Fue justo a la hora en la que Asunta subió al vehículo de su madre para ir a la casa de Teo. No tendrá más remedio que admitir que fue él quien compró una gran cantidad de Orfidal antes del asesinato, pero dirá que lo adquiría por encargo de Rosario Porto, que lo tenía recetado.

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Para los padres de Asunta la acusación popular pide 20 años de cárcel por un delito de asesinato, una pena que la Fiscalía rebaja a 18 años de prisión. Las defensas, que mantienen que existe un plan para implicar a los padres, piden la libre absolución.

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