La ciudad perdida del Amazonas

El coronel Percival Harrison Fawcett salió en busca de un misterio y acabó convertido en un enigma. El aventurero inglés protagonizó en 1925 una de las desapariciones inexplicadas más célebres de la historia de las exploraciones cuando intentaba descubrir en las selvas del interior de Brasil una ciudad perdida perteneciente a una civilización primordial, relacionada con la Atlántida, a la que llamó simplemente ‘Z’.

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La historia de las exploraciones de Percy Fawcett fue recopilada por su hijo pequeño, Brian, que reunió sus cuadernos de notas, ensayos y cartas en un libro titulado ‘Exploration Fawcett’, publicado en España como ‘A través de la selva amazónica’. La obra recoge las peripecias del militar en las ocho expediciones que emprendió entre 1906 y 1925. El oficial de artillería convertido en topógrafo recorrió las fronteras de Bolivia, Perú, Argentina y Brasil.

El enigmático Percy Fawcett

Percy Fawcett fue uno de los grandes exploradores del SXX, que pasó gran parte de su vida cartografiando partes inexploradas de Sudamérica. De hecho, se cree que la vida de Fawcett sirvió de inspiración en la creación del personaje de Indiana Jones. En 1906, el presidente de la Real Sociedad Geológica solicitó a Fawcett que cartografiara gran parte de Sudamérica, en la zona de Bolivia y Brasil.

A pesar de los innumerables peligros del proyecto, como las enfermedades, los animales peligrosos y los nativos hostiles, para Fawcett fue un sueño hecho realidad. En junio de 1906, se embarcó en la que sería su primera expedición al Amazonas. Ese fue el inicio de una leyenda. En las expediciones, Fawcett tuvo que hacer frente a las luchas internas y los nativos salvajes, además de otros peligros que acechaban en las selvas inexploradas como serpientes venenosas y arañas, vampiros, anacondas gigantes, anguilas eléctricas, feroces pirañas, gatos salvajes y otros animales peligrosos.

Además de trazar la geografía de Sudamérica también hizo descubrimientos geológicos y zoológicos únicos. Durante sus viajes, catalogó unas criaturas misteriosas no conocidas por la ciencia, como los perros de dos narices, la araña gigante venenosa, que él llamó la “araña Apazauca”, o incluso una criatura desconocida del tamaño de un perro que dijo tener tanto rasgos caninos como felinos en Bolivia. La criatura llego a ser conocida como el Mitla, aunque solo se conoce de su existencia por las historias de Fawcett.

Fawcett no aclara en qué momento empezó a interesarse por las leyendas sobre ciudades perdidas en las selvas brasileñas. “En aquel entonces me hallaba muy ocupado con las exigencias del trabajo topográfico, y sólo cuando prácticamente lo hube terminado descubrí que el brote de la curiosidad arqueológica se había desarrollado y había florecido”, anota sin más precisiones. En 1910, escribió en uno de sus informes a la Royal Geographical Society que había oído durante sus exploraciones testimonios de encuentros en la selva profunda con unos “indios blancos de pelo rojo”, que él identificó con los supervivientes de una antigua civilización desaparecida.

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La Ciudad Z, la gran obsesión de Fawcett

Fue durante los últimos años de sus diversas expediciones que Fawcett comenzó a obsesionarse con la idea de civilizaciones perdidas en el Amazonas. Siempre había albergado una extraña fascinación con tales misterios, y según los registros históricos había pasado parte de su vida en las selvas de Ceilán (actual Sri Lanka) en busca de un tesoro perdido después de encontrar un antiguo mapa. Pero en 1920, Fawcett encontró unos documentos del siglo XVIII en la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro que fueron de un explorador portugués que había afirmado haber encontrado una ciudad amurallada muy parecida a las de la antigua Grecia, rodeado por altas montañas en lo más profundo de la selva brasileña. Los documentos cautivaron a Fawcett, que estaba convencido de la existencia de la ciudad perdida, que él llamó simplemente “Z”.

Después de recopilar información sobre la supuesta “Ciudad Z”, Fawcett estaba convencido de que tenía cierta relación con el continente perdido de la Atlántida, donde algunos de los sobrevivientes habían llegado a Sudamérica y construyeron una nueva civilización en las selvas de Brasil. Esta teoría se vio reforzada cuando Fawcett recibió una reliquia de la selva en forma de una figura de basalto de color negro de unos 20 centímetros.

Como muchos ingleses cultos de la época, Fawcett se interesó por la teosofía, movimiento esotérico impulsado por la ocultista rusa Helena Petrovna Blavatsky, que ofrecía una versión ‘alternativa’  del pasado remoto de la Humanidad que incluía la existencia de civilizaciones primigenias desaparecidas como la Atlántida. Fawcett puso la estatuilla en manos de médiums y psicómetras para que “captaran” reflejos psíquicos de su pasado, una ‘técnica’ que no sirvió precisamente para que la comunidad científica confiara en sus investigaciones. Según sus fuentes paranormales, la figura, que era “maléfica”, provenía del continente perdido de la Atlántida, situado entre Brasil y África, y desaparecido en tiempos remotísimos a causa de un cataclismo que cambió la configuración de toda Sudamérica en cuestión de días.

En una carta dirigida a su hijo Brian, Fawcett describió :

“Obra en mi poder una escultura de unos veinticinco centímetros de alto, labrada en una pieza de basalto negro. Representa una figura con una placa en el pecho, sobre la cual aparecen inscritos varios caracteres, y alrededor de los tobillos tiene una banda con una inscripción similar. Me la regaló Sir H. Rider Haggard, quien la encontró en Brasil, y creo firmemente que procede de una de las ciudades perdidas”. La figura fue examinada por los expertos del Museo Británico, que “no supieron decirme nada acerca del origen del ídolo”.

“Espero que las ruinas sean de carácter monolítico, más antigua que los descubrimientos antiguos egipcios. A juzgar por las inscripciones que se encuentran en muchas partes del Brasil, los habitantes utilizan una escritura alfabética parecida a las europeas y a las asiáticas antiguas. Hay rumores que dicen que una extraña fuente de luz sale de sus edificios, un fenómeno que llenó de terror a los indios que decían haberlo visto.”

“El lugar central que yo llamo “Z”, que es nuestro principal objetivo, se encuentra en un valle coronado por montañas altas. El valle es de unos diez kilómetros de ancho, y la ciudad está en medio de ella. Las casas son bajas y sin ventanas, y hay un templo piramidal. Los habitantes son bastante numerosos, tienen animales domésticos, y minas bien desarrolladas en las colinas circundantes. No lejos de allí hay una segunda ciudad, pero las personas que viven en ella son de un orden inferior a los “Z”. Más al sur se encuentra otra ciudad grande, medio enterrada y destruida por completo.”

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Comienza la expedición

En 1921, Fawcett se propuso encontrar Z, pero esta primera fue realmente desastrosa. Poco después de salir, los hombres se vieron desmoralizados por las dificultades constantes, los animales peligrosos, y las enfermedades de la selva. Aunque Fawcett lo probó en diversas ocasiones, los problemas constantes le obligaron a abandonar su idea. Los años pasaron, pero la obsesión de Fawcett por la mítica ciudad no se desvaneció.

En abril de 1925, decidió definitivamente encontrar la Ciudad Z, aunque esta vez mejor equipado y preparado. Junto a él fueron su buen amigo Raleigh Rimell, su hijo mayor, Jack Fawcett, dos trabajadores brasileños, ocho mulas, dos caballos y un par de perros. La expedición estaba muy bien equipada y bien financiada por diferentes sociedades científicas y periódicos. El recorrido también estaba meticulosamente trazado y planeado, parecía que nada podía salir mal. La expedición se embarcó el 20 de abril de 1925, desde la ciudad de Cuiabá. El 29 de mayo de 1925, Fawcett y su equipo llegó a territorio inexplorado, selvas que nadie antes había visto.

La expedición llego a un lugar llamado Dead Horse, apodado así porque había tenido que disparar a un caballo allí en una expedición anterior, y donde Fawcett proclamó: “Saldremos de esta región dentro de unos días… No debemos cometer fallos”.

Con esas palabras, la expedición siguió adelante en la selva inexplorada. Iba a ser lo último que se supo de ellos. La expedición declaró que estarían fuera durante un año, por lo que cuando pasaron dos años sin noticias de ellos, la gente comenzó a preocuparse. La expedición de Fawcett para encontrar la Ciudad de Z había sido muy publicitada, así que había millones de seguidores en todo el mundo preguntándose lo que había pasado con la expedición. En un principio, muchas personas sugirieron que Fawcett y su equipo habrían sido asesinados por las tribus nativas o animales salvajes, o tal vez habrían sucumbido a las enfermedades, pero nadie sabía a ciencia cierta lo que había pasado.

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En busca de Fawcett

No mucho después de la desaparición de la expedición, surgió una evidencia. En 1927 fue hallada una placa de identificación perteneciente a Fawcett en posesión de una tribu indígena, aunque luego se demostró que se trataba de un recuerdo de Fawcett 5 años antes. El hijo de Fawcett, Brian, hizo dos viajes a la región para tratar de averiguar lo que había pasado. Durante uno de sus viajes, una historia bastante convincente le fue transmitida por un viajero francés en Lima, Perú. El viajero francés le dijo que en la selva de Minas Gerais, un estado de Brasil cerca de Mato Grosso, encontró un anciano que dijo ser Fawcett. El francés nunca había oído hablar del explorador y no fue hasta que habló con Brian que supo de su historia.

A partir de ese momento comenzaron ha surgir historias sobre Fawcett, como que había sido capturado por nativos o incluso que él había tenido amnesia y viva como como el jefe de un amazónica tribu. En las décadas siguientes hubo numerosas expediciones que buscaron respuestas al misterio de Fawcett, pero algunas de ellas sufrieron la misma suerte. En total, hubieron 13 expediciones para encontrar respuestas al destino de Fawcett, y más de 100 personas perdieron sus vidas.

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¿Qué le ocurrió a Fawcett y a su expedición?

Aunque una de las teorías favoritas de los teóricos de la conspiración fue que Fawcett encontró la apertura a una gran ciudad subterránea, donde sigue viviendo hasta nuestros días. Esta sorprendente teoría estaría refutada por varias misteriosas cartas recibidas en los últimos años. Una carta fue recibida por el hijo menor de Fawcett, Brian, en 1952. La carta era supuestamente de un colono alemán que vivía en Brasil y que decía: “Su padre y su hermano fueron almas adoradas por los indios y están viviendo en las ciudades subterráneas…”

Otra carta fue enviada en el año 1956 al Dr. Henrique de Souza, presidente de la Sociedad Brasileira de Teosófica. La carta en este caso era muy similar a la recibida por Brian, afirmando que Fawcett todavía estaba vivo y viviendo bajo tierra en “una ciudad subterránea en la Serra do Roncador, en Mato Grosso”.

La teoría de que Fawcett estaba viviendo en una ciudad subterránea se hizo tan popular que en la década de 1960, un hombre llamado Udo Luckner formó un culto llamado Magical Nucleus. Llamándose a sí mismo “El Sumo Sacerdote del Roncador”, Lucknor afirmó que la ciudad Z de Fawcett era un reino espiritual al cual había tenido acceso. El culto trató de localizar el portal a este mundo mágico y unirse a Fawcett. El grupo se disolvió en 1982 cuando su predicción del fin del mundo no se cumplió.

Aunque otra teoría es que Fawcett en realidad encontró lo que estaba buscando. En este escenario, Fawcett encontró a su amada ciudad Z, y era tan grande y magnífica que eligió para pasar el resto de sus días allí, en su grandeza, para siempre oculta al mundo exterior.

La desaparición de la expedición Fawcett sigue siendo uno de los mayores misterios del siglo XX, y ha dado lugar a una de las búsquedas más misteriosas de nuestra historia.

Fuentes: Wikipèdia, El Correo, Mundo esotérico

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Un pensamiento en “La ciudad perdida del Amazonas”

  1. hola amigos que les gusta los misterios, nuestra amada tierra tiene una edad que nadie podrá calcular, y solo DIOS lo sabe es decir si UD, cree en el todo poderoso, creador de todo lo que existe, nadie sabe que es lo que paso desde la creación de la tierra, menos del UNIVERSO, lo que si existe es la indiferencia por algunos que creen ser eternos, nuestro planeta es un planeta de pruebas, en el un inverso hay tantas tierras y planetas de pruebas y no somos los únicos, por esto la tierra es igual que el universo, hay tantos misterios que el hombre jamas podrá descubrir, por que primero hay que buscar a DIOS, como el es nuestro creador si lo encontramos, el nos podrá enseñar muchas cosas del infinito universo, no soy un religioso soy un estudiante de la divina revelación ALFA Y OMEGA, no soy fanático ni dogmático soy un buscador de las grandes verdades y solo DIOS lo da, por eso la palabra lo dice abecés las cosas vienen escondidas, entonces hay que buscarlas con mucho amor, paz, alegría, y mucha paciencia,

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