La barba como símbolo de divinidad y poder

A lo largo de la historia y en las diferentes culturas, a los hombres con vello facial se les ha atribuido la sabiduría, la potencia sexual o un estatus social alto, pero también la falta de higiene o refinamiento y una disposición excéntrica. En algunas religiones los varones deben llevar la barba completa…

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La barba en el hombre es análoga a la melena de los leones machos, esta crece durante la pubertad preparando así a los machos para los combates, la hormona responsable del comportamiento agresivo de los machos en todas las especies de mamíferos: la testosterona hace crecer la barba en los hombres para proteger la mandíbula, los dientes y el mentón de los golpes durante las peleas entre machos.

En la antigüedad las barbas estaban asociadas con los dioses. Los faraones son representados a menudo con barbas largas y estrechas. Estas barbas eran artificiales y no funcionaban como un simple estilo de moda, sino más bien como prueba de alto rango social, esencialmente de la realeza. Los faraones, independientemente de su género (la reina Hatshepsut es representada llevando una barba postiza), llevaban barbas por ese motivo. Por lo general se trenzaban muy apretadas, usando el pelo de las cabras, generalmente teñidas con henna  y con hilos de oro entrelazados, un estilo que pretendía acercarse a lo divino.

Los antiguos griegos consideraban la barba como símbolo o signo de virilidad, y había adquirido un significado casi santificado. Sólo se rapaba como señal de duelo. Una cara lisa era considerada como un signo de afeminamiento. Los espartanos que mostraban signos de cobardía, eran castigados con el afeitado de sus barbas. Zeus y Poseidón siempre fueron presentados con barbas. En la antigüedad Greco-Romana, la barba fue vista como la característica definitoria del filósofo. Los romanos solían guardar la primera barba rasurada y la conservaban durante toda la vida. Las civilizaciones de la mesopotamia africana como los Sumerios y Babilonios utilizaban sus barbas como símbolo de riqueza y poder, al igual que los persas.

El Zohar, una de las principales fuentes de la Cabalá (misticismo judío), atribuye la santidad a la barba, especificando que los pelos de la barba simbolizan canales de energía santa subconsciente que fluye desde arriba hacia el alma humana. Por lo tanto, la mayoría de los judíos jasídicos, para quienes la Cábala juega un papel importante en sus prácticas religiosas, tradicionalmente no se recortan la barba. La barba es el pelo que crece entre la cabeza y el resto del cuerpo. Es el puente que une la mente y el corazón, los pensamientos y las acciones, teoría y práctica, las buenas intenciones y los buenos hechos.

Image by © Bettmann/CORBIS
Image by © Bettmann/CORBIS

En España, hasta el siglo XIX la mayor parte de los hombres llevaban barba, con la excepción de sacerdotes y toreros. A los enfermos se les recomendaba vivamente no afeitarse porque tal conducta prolongaría su estado de postración; también se afirma que si en cualquier caso un enfermo intentaba afeitarse y tal práctica le resultaba sumamente laboriosa, la muerte le rondaba.

Desde la Edad Media la barba fue señal ostentible de luto, aunque a veces era fruto de una orden superior, como sucedió cuando los Reyes Católicos, tras la muerte del príncipe don Juan, prohibieron a los barberos afeitar a los habitantes de Burgos. La barba roja ha sido considerada propia de un hombre despótico, como Nerón, del que se sabe que la tenía de este color. En los países mediterráneos la barba rubia era señal de mala condición personal, aunque en Inglaterra, donde es común, se piensa que lo mismo de los que la tienen rojiza.

Para conseguir que los barbilampiños lucieran barba era preciso que se frotasen las mejillas con excremento de gato negro o sangre de murciélago. Tocar la barba a un hombre daba buena suerte. En todo Occidente ha sido creencia extendida que la mujer barbuda era víctima del mal de ojo de alguien que no la quería bien.

Mujer-barbuda

Aunque en el siglo XX la barba se puso de moda entre los movimientos de izquierda y los ambientes obreros o sindicalistas, sus orígenes decimonónicos se asientan en una filosofía un tanto contrapuesta: el rechazo a los negros en EEUU. Los afroamericanos copaban por aquel entonces el floreciente negocio de las barberías, lo que comenzó a reportarles independencia, influencia en las comunidades y un estatus económico que muchos norteamericanos no estaban dispuestos a tolerar. Eran los albores de la Guerra de Secesión.

A finales del siglo XVII, el escritor francés Charles Perrault publicó la narración de Barba Azul, protagonizado por un terrorífico asesino de mujeres a las que encerraba y mataba en su castillo. El personaje real que lo inspiró no es otro que Gilles de Rais (1404-1440), con la diferencia de que las víctimas de éste eran niños y no mujeres. Mariscal de Francia y guerrero junto a Juana de Arco, Gilles de Rais escondía una vida secreta: la de asesino en serie de muchachos a los que encerraba y torturaba en su castillo.

 

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