Los misterios del Cañon del Colorado

Escribir de la cultura y civilización egipcia es hacerlo de lo evocador de las pirámides, de sus tesoros, del Valle de los Reyes, del Nilo… Es un país lleno de matices, de aromas, de contrastes… Encontrar las fuentes del Nilo es encontrar la Vida de Egipto… Pero, ¿y si encontráramos los vestigios de Egipto muchos miles de kilómetros más allá? Más allá de Egipto, más allá de las columnas de Hércules, más allá de las islas Canarias… Más allá del Atlántico…

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Los egipcios fueron grandes navegantes y grandes comerciantes, dejaron buena muestra de todo ello a lo largo y ancho del Mediterráneo o en todas las costas africanas… Pero,¿llegaron más allá? Se sabe que comerciaron con parte de Asia, incluso que se adentraron mar adentro, pero…¿hasta donde?. La sorpresa surge cuando se afirma que los osados constructores de las pirámides cruzaron el Atlántico, llegaron hasta Suramérica incluso alcanzaron las Isla de Pascua… Todo ello parecía una fabulación sin igual y sin embargo en el árido Gran Cañón del Colorado tenemos una prueba inquietante.

Lo que esconde el Gran Cañón

El Cañón está situado en su mayor parte dentro del Parque Nacional del Gran Cañón. El cañón fue creado por el río Colorado, cuyo cauce socavó el terreno durante millones de años. Tiene unos 446 km de longitud, cuenta con cordilleras de entre 6 a 29 km de anchura y alcanza profundidades de más de 1.600 m. Cerca de 2.000 millones de años de la historia de la Tierra han quedado expuestos mientras el río Colorado y sus tributarios cortaban capa tras capa de sedimento al mismo tiempo que la meseta del Colorado se elevaba.

Corría el año 1905, un 5 de Abril, para ser exactos, cuando el Phoenix Gazette publicó de la mano del Smithsonian Institute una noticia en la que se hablaba del hallazgo en el Gran Cañón de una red de cuevas excavadas, de forma artificial, y con restos de haber sido habitadas, los restos de la cultura que las habitó parecían claramente de origen egipcio ya que mostraban figuras hieráticas, jeroglíficos egipcios, una cámara funeraria y momias al estilo egipcio… Por lo tanto la conclusión fue clara: eran de procedencia egipcia.

Pero también se halló a unos 30 metros una estancia donde había una gran cruz con un dios sentado y piernas cruzadas, a su alrededor había figuras talladas sobre piedra de gran dureza, jarrones, oro… Aquello parecía sacado de la Ciencia Ficción más que de la realidad…¿Cómo podía ser? La Ciencia prefirió mirar hacia otro lado, prefirió negar aquellas evidencias y pruebas tangibles. Y cayó en el olvido.

En 1995 el investigador David H. Childress reencontró los archivos del Smithsonian, también se hallaron los registros de entradas en el depósito del museo de las piezas halladas en el Gran Cañón pero, misteriosamente, no se las encontraba…

Después de mucho buscar se encontraron unas archivos donde se detallaba donde se encontraban las piezas, Childress y el director del departamento de antropología, Setzler, fueron a la zona reservada a dichas piezas cuando se encontraron con una dura realidad: las piezas existían pero no se podían acceder a ellas por contaminación vírica de las mismas, constituyendo un peligro potencial de muerte para todo el que las tocara… ¿Realidad o simple excusa?.  Sea como fuere era mejor no tentar al destino y allí permanecen hoy día sin poder acceder a ellas.

Los antiguos egipcios en Norteamérica

Como aporte a todo ello y a los misterios del Gran Cañón sirva el siguiente extracto del investigador José Vergara sobre otros curiosos hallazgos en esta inhóspita y bella zona:

“Si alguien quiere visitar esta zona, el lugar del hallazgo está localizado a 20 millas (30 Km.) al sur de la ciudad de Lovelock, Nevada, cerca de la cumbre de una alta colina, donde existe una cueva conocida actualmente como Lovelock Cave.

Pero a principios del siglo XIX esta cueva se conocía como Horseshoe Cave (Cueva Herradura) posiblemente por la forma que tiene en su interior ya que, con unas dimensiones de 40 pies (12 metros) de profundidad y 160 pies (49 metros) de ancho, sus laterales conforman una curva que recuerda a la herradura de los caballos. Lo podréis localizar facilmente en la página 35, coordenada F-10, de la publicación Nevada Atlas & Gazetteer, un mapa editado por DeLorme Corporation. Y si quereis situarlo en Google Earth, las coordenadas son éstas: 39º 50′ N y 118º 32′ W.

Como primera peculiaridad de estos restos humanos, se descubrió que poseían una altura de entre 6,5 a 8 pies de alto (entre 2 a 2,5 metros) que es una altura muy infrecuente según la historia oficial para restos humanos en la antigüedad y hasta lo son para los seres humanos de los tiempos que corren actualmente.

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Los científicos, como siempre pasa en estos casos extraños, se mostraron reticentes a estudiar estos restos, muchos de los cuales terminaron siendo tirados por los mineros locales. Dos arqueólogos fueron enviados a investigar estos restos en 1911, uno de la Universidad de California y otro de New York.

Más que desenterrar los restos, parecían más interesados en enterrarlos, no sólo en el sentido físico del término, ya que tardaron 17 años en hacer públicos los hallazgos. Evitaron examinar los huesos y en uno de lo momentos incluso insistieron en volver a enterrar uno de los esqueletos que habían desenterrado. En cambio, enfocaron sus investigaciones en los restos de cerámica, fragmentos de tejidos y demás.

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Los indios Paiutes

Estos nativos locales son los indios Paiutes o Piutes.  De éste pueblo  surgen las leyendas transmitidas desde tiempos inmemoriales sobre batallas que ellos tuvieron con unos gigantes blancos de pelo rojo que vivían en esa zona cuando la tribu de los Piutes llegaron por primera vez al territorio de Nevada. Los Paiutes llamaban a este pueblo de gigantes blancos “Si-Te-Cah”.

Según ellos, estos hombres pelirrojos eran un pueblo guerrero y varias tribus indias se unieron para luchar juntos en una larga guerra contra ellos (se cuenta que pudo durar unos mil años). En esas leyendas se describe como en esas batallas los Paiutes y sus aliados emboscaron y lucharon contra los gigantes blancos hasta que casi mataron a todos, menos unos pocos a los que forzaron a refugiarse en una cueva ( la cueva Lovelock).

Según continua la leyenda de los Paiute, después de que hubieran rodeado a los supervivientes de los gigantes dentro de la cueva, ellos apilaron matorrales a la entrada de ella y la prendieron fuego. Los Paiute cuentan como mataron a todos los que intentaron salir de la cueva. Mantuvieron el fuego vivo hasta que todos los gigantes murieron asfixiados.

Los Paiutes cuentan que los Si-Te-Cah vivían literalmente en un lago sobre el que se situaba, dominando, la cueva. Vivían en este lago para evitar los hostigamientos de los Indios por lo que sus casas estaban emplazadas sobre balsas construidas con una planta fibrosa acuática llamada tule, una especie de cáñamo.

Esta planta “tule” ya no se encuentra en la zona, por lo que se cree que fue introducida por estos gigantes. La denominación de Si-Te-Cah significa “comedores de tule”. Los Paiutes y los pelirrojos de largas piernas no se llevaban demasiado bien. Los indios acusaban a los Si-Te-Cah de ser caníbales y por eso guerrearon contra ellos.

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Restos encontrados

Volviendo a los tiempos modernos, en 1911 una empresa, que trataba de explotar la cueva para recoger el guano de los murciélagos como abono y fertilizante, comenzó a extraer el guano que ocupaba un espesor de 4 a 6 pies (1 a 2 metros) dentro de la cueva. Cuando ya se había extraído guano hasta alcanzar alrededor de 1 metro de profundidad, comenzaron a encontrarse diversos artefactos y utensilios. Antes de que los arqueólogos llegaran a la zona, mucho de los hallazgos fueron dañados o descartados.

Encontraron lo que las leyendas de los indios Paiute siempre habían contado: existía un estrato de material quemado y también encontraron unas flechas rotas que probablemente habían sido disparadas desde el exterior de la cueva. La sequedad de la cueva, más otros factores climáticos (sin olvidar el efecto del guano) hicieron que muchos de esos gigantes blancos se transformaran en restos momificados.

Entre los muchos bellos artefactos y objetos encontrados, se encuentran una piedra con forma de donut que tiene 365 muescas en el borde exterior (que muy posiblemente podrían indicar los 365 días del año, algo sorprendente para la antigüedad de los restos) y 52 muescas en el borde interior (que quizás podrían ser las distintas fases lunares). Muchos de estos objetos se pueden contemplar en el museo de la ciudad de Winnemucca, Nevada. Estudios posteriores confirmaron que estos restos tienen una edad de más de 4 mil años. Esta antigüedad descarta cualquier relación con posibles vikingos.

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Según el investigador Stan Nielsen, mientras buscaba una mina de oro perdida en Nevada para un documental que estaba realizando, tuvo la oportunidad de explorar la cueva Lovelock y visitar el pequeño, pintoresco e interesante museo de la ciudad de Lovelock, Nevada. El conservador del museo le habló sobre el cráneo de uno de los gigantes que estaba en el museo de Winnemucca.

Después de un viaje posterior que Stan Nielsen realizó a la zona, pudo obtener un molde dental a tamaño real de un hombre adulto actual de un amigo suyo que era dentista. Este molde lo llevó en un posterior viaje que hizo al museo de Winnemucca y lo pudo comparar con la mandíbula del cráneo de uno de los gigantes de la colección del museo, previo permiso por parte del conservador del museo Stan Nielsen pudo comprobar asombrado como su molde era mucho más pequeño que la mandíbula del cráneo del gigante.

De hecho, los dientes de la mandíbula del cráneo eran casi el doble de tamaño que los del molde que trajo de una persona normal actual. También había otros detalles que lo diferenciaban de los humanos de ahora. Algunos de estos restos humanos, incluyendo un cráneo de casi un pie (30 cm) de largo, se pueden encontrar en la Sociedad Histórica de Nevada, en la ciudad de Reno.

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Las huellas de gigantes pelirrojos no acaban aquí

En 1931 se descubrieron unos esqueletos en el lecho del lago Humboldt, lago próximo a la ciudad de Lovelock. El primero de esos dos esqueletos medía 8 pies y medio de alto (unos 2 metros y medio) y parecía haber sido envuelto en un tejido como de goma similar a la manera egipcia. El segundo esqueleto medía 10 pies de alto (3 metros de altura). Esta noticia aparecía en el diario local Review Miner el 19 de Junio de 1931.

Ocho años después, otro misterioso esqueleto se desenterró en el rancho Friedman, cerca de Lovelock. Medía 7 pies y 7 pulgadas (unos 2 metros y 30 cm.). Esta otra noticia apareció en el mismo diario local Review Miner el 29 de Septiembre de 1939.
En cada uno de esos casos, los esqueletos o momias eran excepcionalmente altos y parecían tener una conexión con esa extraña raza de pelirrojos.

Según los indios, los Si-Te-Cah construyeron una estructura piramidal de piedra en New York Canyon, algunas millas más allá en el condado de Churchill. Desafortunadamente, en la zona son frecuentes los terremotos y las ruinas de piedra han ido destruyéndose a lo largo de los años.

No ha quedado mucho de los Si-Te-Cah. Cuando las autoridades arqueológicas oficiales rechazaron tomar su existencia en serio, un número de pequeños museos privados surgieron para rellenar el vacío. Algunos de estos museos son los mencionados anteriormente en Lovelock y la Nevada State Historical Society. Como casi siempre suele ocurrir, un incendio en uno de estos museos destruyó una colección irreemplazable de huesos, restos momificados, objetos de cuero y conchas grabadas con misteriosos símbolos. De todas maneras, los responsables de estos museos declaran que estos restos no son más que otros restos indios.

Una de las personas que ayudaron a conservar parte de los restos fue un ingeniero de minas y arqueólogo aficionado llamado John T. Reid. En 1911, cuando se descubrieron estos restos, él inmediatamente dio parte del descubrimiento a numerosas instituciones e universidades, incluyendo la Universidad de Pensilvania y el Instituto Smithsonian.

Ya que pasó más de un año hasta que la Universidad de California enviara un observador no profesional a la zona, él tomó interés en los restos de los Si-Te-Cah e hizo lo que pudo para documentar los hallazgos según iban siendo desenterrados. También entrevistó a muchos habitantes locales que habían tenido conocimiento del asunto. Sus memorias se pueden encontrar en los archivos de la biblioteca y museo Nevada Historical Society Archives, en el 1650 North Virginia Street, Reno, NV 89503.

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Sarah Winnemucca Hopkins, hija del jefe Paiute Winnemucca, narra muchas historias sobre los Si-Te-Cah en su libro: “Life Among the Paiutes” (Vida entre los Paiutes) publicado en 1883. En la página 75, narra:  “Mi pueblo dice que la tribu que exterminamos tenía el pelo rojizo. Yo tengo algunos de esos cabellos, los cuales han ido pasando de mano a mano de padres a hijos durante generaciones. Yo tengo un vestido que ha pertenecido a nuestra familia durante muchísimo tiempo, decorado con ese cabello rojizo. Me lo pondré en algún momento cuando yo dé una conferencia. Se llama vestido del luto, y nadie más tiene un vestido como éste excepto mi familia”.

En otra parte del libro explica que estos gigantes de pelo rojizo llegaron a este territorio por barco, al parecer cuando esta zona era parte de un mar interior. Eran en número unos 2600, su pueblo los llamaba Sai-i, eran de una raza diferente, hablaban una lengua diferente y mantuvieron una larga guerra con su pueblo.

Más datos

En un libro titulado Lovelock Cave escrito por Llewellyn L. Loud y M.R. Harrington editado por University of California Press en 1929, aparece reflejada una pequeña historia que le sucedió a John T. Reid: “En 1887, cuando perseguía unos caballos salvajes por la zona, John T. Reid, un ingeniero de minas en Lovelock, acampó allí (cerca de la cueva Lovelock) con unos pocos indios al anochecer. El indio Captain Natches le habló a Reid sobre una gran calamidad que había ocurrido en esa cueva a otra raza de gentes quienes habían sido exterminados por los Paiutes. John T. Reid fue informado de que unas 4 o 5 generaciones atrás los indios lucharon hasta la exterminación contra unos pelirrojos que hablaban otra lengua. Un indio Paiute había muerto recientemente en Stillwater de quien se dice que había participado en esa lucha y que tenía un ojo tuerto por una flecha en una de las escaramuzas en la entrada de la cueva”.

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El Dr. James Chatters, la única persona que ha realizado un estudio serio a los restos óseos del Hombre de Kennewick, confirmó en una conferencia realizada en la ciudad de Sacramento en 1998 la no procedencia india de esos restos de la cueva Lovelock.

Restos que se relacionan con muchas otras leyendas de los indios sobre la existencia de personas de piel clara que precedieron a los indios americanos en el noroeste de la costa del Pacífico de los Estados Unidos de América.

El Dr. James Chatters es conocido por sus estudios sobre el ADN mitocondrial de los indios americanos. Hasta ahora sólo existían cuatro grupos de alelos mitocondriales para los nativos. Estos grupos mitocondriales se denominaban con las letras A, B, C y D. Recientemente, se añadió un nuevo grupo llamado X.

El grupo mitocondrial X es muy extraño en los Indios Americanos, pero puede encontrarse en los esqueletos arcaicos caucasoides que se han encontrado en restos muy antiguos en América tras los estudios realizados por el Dr. Chatters. Este grupo Mitocondrial X se encuentra frecuentemente en Europa y en el Oriente Medio. Esto confirmaría la procedencia de esos restos antiguos de humanos de raza blanca o caucásicos.

Más casos interesantes de momias de pelo rojizo los podemos encontrar en las momias Tocharians encontradas en el desierto Takla Makan de China. También se describen en libros chinos muy antiguos sobre emperadores de pelo rojizo, ojos verdes o azules, largas barbas, piel blanca… Otras momias pelirrojas las podemos encontrar en un lugar más cercano: las islas Canarias. Estas momias pertenecen a los antiguos guanches… Otro ejemplo sorprendente es la característica peculiar de la familia dirigente de los habitantes de la Isla de Pascua.

Todos estos hallazgos podrían corroborar las teorías del escritor e investigador Alexander Eleazar acerca de un viaje de exploración de hombres de raza blanca comandado por el rey Dardanos hace miles de años…

Fuente

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