La meditación de las momias vivientes de Japón

Algunos de los primeros registros escritos de la meditación provienen de las tradiciones de la India, en concreto del Vedantismo del año 1500 antes de Cristo. Arqueólogos han encontrado en la India figuras y grabados donde se presentan figuras sentadas en la clásica postura de meditación – Flor de Lotto – por lo que se cree que la meditación tiene al menos cinco mil años de antigüedad…

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La meditación

La meditación es una técnica milenaria y sirve de base en algunas religiones, ya que busca alcanzar un estado de tranquilidad o trance mediante la concentración. La información sobre la meditación y como lograr la unión con la divinidad era compartida con los iniciados de hace miles de años por los Rishis hindús, o sabios iluminados.

La información era transmitida a unos cuantos con la finalidad de lograr la salvación y la unión con el creador. Al principio, esas enseñanzas solo se transmitían de boca en boca entre maestro y aprendiz. Alrededor de los siglos sexto y quinto antes de Cristo se desarrollaron otras formas de meditación en la China Taoista y la India Budista.

Con el paso de los años se ha demostrado que tiene beneficios inmensos y puede resultar en un control del cuerpo y la mente que raya en lo sobrenatural. La meditación no solo genera ondas cerebrales asociadas con el bienestar y la felicidad, sino que permite controlar el cuerpo hasta niveles insospechados.

Kochi y La Escuela Shingon

Para los miembros de la Escuela Esotérica Shingon de Budismo en Japón, el verdadero camino a la iluminación requiería una meditación tan profunda que la persona debía convertirse mediante un proceso de meditación en una momia. A éste acto o ritual de auto-momificación se denominó sokushinbutsu y se practicó principalmente en la prefectura de Yamagata, en el norte de Japón, entre los siglos XI y XIX. La disciplina y estudio que la escuela promovía combinaba un largo ritual de ermitaño acompañado por un extremo ascetismo. Los sacerdotes que se dedicaron a esto lo hicieron con el propósito de asistir a sus comunidades y alcanzar la iluminación.

Las raíces históricas sobre el origen de esta práctica empiezan con la secta Shingon, fundada por el maestro Kukai quien trajo estas enseñanzas de Tang China como parte de la disciplina secreta tántrica que él había aprendido del budismo esotérico.

Los seguidores del budismo esotérico de por sí ya vivían vidas de plegarias, ascetismo y peregrinaje, por ello un ritual de muerte sería la culminación y la razón de su existencia. El sacrificio y dedicación de estos monjes era siempre para el beneficio del resto de pobladores de su área ya fuera para prevenir sequías y enfermedades dentro de su comunidad. Los monjes creían que sus muertes aliviarían el sufrimiento del resto de la población.

La momia del maestro Kochi

Las montañas de Honshu pueden ser vistas desde la costa norte del mar de Japón, en esta zona hay un pequeño templo budista, donde se encuentra el monje Kochi, el catorceavo sokushinbutsu, quien está protegido por un santuario de vidrio y es reverenciado como una deidad, puesto que en el año de 1363 era un sacerdote que practicó el ritual de momificación a la edad de 66 años, cuyo proceso efectivamente es padecer hambre por varios años hasta casi morir antes de ser enterrado vivo. Varios fueron los monjes que intentaron seguir el camino de la inmortalidad, un sendero que les permitiría convertirse en Buda.

El cuerpo de Kochi es tal vez el más antiguo de este ritual, en la actualidad está bien preservado, sus dedos son similares a garras torcidas hacia adentro y la piel de su cara no posee grasa por lo que está bien templada. Kochi viste sotanas ceremoniales mientras está sentado en la posición de flor de loto. En el siglo XIX Kochi fue inmortalizado nuevamente en la novela de Bokushi Suzuki Snow Country Tales, publicada en 1841 y se volvió tan famoso como una celebridad.

Sokushinbutsu: el proceso de momificación

Durante casi 900 años monjes budistas en el norte de Japón dedicaron su vida a la oración a Buda, una vida de rezos y cánticos que en algunas ocasiones y sólo cuando el monje estaba cerca de su grandeza inmortal le llevaba a un escalofriante ritual que lo momificaba en vida en un estremecedor suicidio ritual.

El término Sokushinbutsu literalmente significa convertirse en buda estando vivo, este término captura la naturaleza única del ritual. Que era reservado a unos pocos, los elegidos que trataban de preservar su carne en un doloroso y largo proceso de autodisciplina que convertía su cuerpo en un armazón medio muerto sin grasa ni fuerzas para moverse que prácticamente era sólo hueso y piel.

Este bizarro proceso en el que un ser humano se auto momifica es extremadamente lento y doloroso, podía durar de tres a diez años. El ritual ha variado durante los nueve siglos de los que se tiene constancia histórica. Las etapas principales que no cambiaron tenían una duración de mil días.

La primera fase, consiste en un período de mil días donde el monje adopta una particular dieta de alimentos de que nutrirse. Comiendo pequeñas cantidades de harina de trigo, nueces, avellanas y nuez moscada, que el monje debe reunir del bosque donde vive. Esta dieta sirve para reducir la grasa corporal del ascético de manera drástica, debido a que la grasa se descompone más rápido después de la muerte, sólo reduciendo su nivel de grasa corporal al límite es capaz de evitar la descomposición. Esta etapa es crucial ya que si el monje la realiza bien aumenta considerablemente su camino hacia una momificación exitosa.

La segunda fase, durante el segundo período de mil días, la dieta del ascético se vuelve aun más limitada, debido a que sólo se alimenta de raíces y de la corteza del pino. Se debía ingerir un té tóxico derivado de un árbol llamado Urushi, de la familia de la hiedra. Este brebaje venenoso actuaba como un depurativo : provocaba vómitos en quien lo bebía, supuestamente eliminando así los gusanos del cuerpo. Además, el té hacía que la persona sudara y orinara más de lo normal; sumado al hecho de que no consumían agua, el cuerpo lentamente iba deshidratándose. En consecuencia la piel se agrietaba, pegándose a los huesos, que ya no tenían casi músculo. Poco a poco, el cuerpo se convertía en un cadáver viviente. En este débil estado y con una apariencia esquelética, el ascético se somete con fervor a largos períodos de oración y mantras cantadas. 

La tercera fase, finalmente el ascético que está severamente debilitado y padeciendo de un gran dolor físico por el veneno del té, entra en el último periodo de su camino sagrado. A partir de este momento se construye un refugio subterráneo tres metros bajo el suelo, y se hace un ataúd de madera con el espacio suficiente para poderse colocar en posición de loto y continuar su meditación y mantras, al mismo tiempo que continua con su rigurosa dieta de raíces y cortezas de pino. El ascético continúa respirando por medio de un tubo de bambú, además de esto tiene una campana que suena una vez al día hasta que muere. Cuando los compañeros no escuchasen el sonido, sabrían que el enterrado habría muerto. Entonces se sacaba la caña para respirar y se procedía a sellar la tumba.

Una vez cegada la cripta, los compañeros del momificado aguardaban mil días más antes de comprobar si la momificación había resultado exitosa. La forma exitosa sería conseguir momificarse sin putrefacción de los órganos, algo que no siempre era posible.

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Venerados como Dioses

Cuando el cuerpo permanecía sin presentar putrefacción ni ningún otro signo de descomposición, el cadáver del monje era llevado a un santuario donde sería reverenciado como un dios vivo. Tras obtener el estatus de deidad Buda, las momias eran llevadas al templo Kaikoji ubicado en la región Sakata durante la prefectura Yamagata. En este templo se encontraron dos Sokushinbutsu muy bien preservados, quienes en vida habían sido los monjes ascéticos Chukai y Enmyokai. Sorprendentemente este dúo de dioses permanecen sentados en la misma posición en la que fueron enterrados en 1755 y 1822 respectivamente y están en la dirección de la montaña sagrada Dewa Sanzan lugar donde hicieron su peregrinaje.

El proceso de auto-momificación no era nada confiable y seguro, porque los cuerpos se podían descomponer y podrir en lugar de ‘secarse’. Por ello los monjes que fallaban al transformarse en Sokushinbutsu, eran enterrados en una tumba ordinaria, aunque si recibían respeto y admiración por intentarlo. En la actualidad se desconoce cuantos monjes cumplieron exitosamente este ritual, los textos de los templos revelaron que muchos sacerdotes fallaron en su auto momificación.

Se cree que cientos de monjes intentaron momificarse a sí mismos hasta lograrlo. Pero el proceso de Sokushinbutsu fue prohibido en Japón en el año 1909 durante el gobierno Meiji, un gobierno que mantuvo una fuerte campaña nacional a favor de los sintoístas, la religión autóctona del Japón. Sin embargo, sólo hay 28 monjes que se sabe lo lograron finalmente con éxito. Todavía se puede ver sus cuerpos en varios templos en todo Japón.

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Hoy puede ser interpretado como un lento y doloroso suicidio, que, sin embargo, para los monjes budistas era el máximo honor a que podían aspirar: creían que si su cuerpo se conservaba después de muerto, pasarían a ser adorados como dioses.

Fuentes consultadas : Ancient Origins – Escalofrio – Wikipèdia

 

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