Las misteriosas reliquias de María Magdalena

Una personalidad que las creencias populares han malinterpretado durante siglos ha sido María Magdalena. Considerada desde la Edad Media como la prostituta arrepentida y llegando a nuestros días a situarla fielmente al lado de Jesucristo, incluso como esposa..

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Los evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) presentan a María de Magdala como una seguidora de Jesús quien escuchaba sus enseñanzas, brindaba apoyo financiero, fue testigo de su crucifixión, y tres días después la primera en verlo vivo.

María Magdalena fue testigo de la mayoría de los acontecimientos que rodearon la crucifixión. Estuvo presente en el juicio de Jesús; oyó a Pilato pronunciar la sentencia de muerte; y vio a Jesús golpeado y humillado por la multitud. Ella era una de las mujeres que estaba parada cerca de Jesús durante la crucifixión para intentar consolarlo.

La idea de que María Magdalena era prostituta se originó en el siglo VI con  el Papa Gregorio I. La iglesia como la conocemos hoy en día otorga un papel pasivo a la mujer, cosa que no ocurría en los primeros tiempos del movimiento pues en una primera fase las comunidades cristianas dirigidas por mujeres tuvieron mucha importancia, tanta que hasta podían celebrar los sacramentos. Así, si en el Concilio de Laodicea (siglo IV) se dice que las mujeres no pueden ser ordenadas sacerdotes, es que antes sí que lo podían ser; con ello la importancia femenina va perdiendo peso dentro de la iglesia oficial. Aceptar una mujer evangelista hubiera sido contrario a la posición de dominio del hombre que quiere seguir la iglesia, por ello se oculta o matiza la importancia de María Magdalena.

Por su papel de relieve en el evangelio fue una figura que recibió especial atención en algunos grupos marginales de la primitiva Iglesia. Son fundamentalmente sectas gnósticas, cuyos escritos recogen revelaciones secretas de Jesús después de la resurrección y recurren a la figura de María Magdalena para trasmitir sus ideas. Padres de la Iglesia, escritores eclesiásticos y otras obras destacan el papel de María como discípula del Señor y proclamadora del Evangelio. A partir del siglo X aparecen  narraciones que ensalzaban su persona y que se difundieron sobre todo por Francia. Hacía aquella región se dirigieron cuando se inició la persecución contra los cristianos.

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La calavera de María Magdalena

Recientes descubrimientos sobre ella están ayudando a situarla en el lugar de la historia que le corresponde. Sus reliquias se encuentran en diferentes lugares del mundo, ocultas en las cámaras de diferentes iglesias y constituyen uno de los vínculos principales entre esta misteriosa mujer y sus actuales seguidores. Nos encontraríamos ante la verdadera fundadora del cristianismo, uno de los secretos mejor guardados de la Iglesia Católica.

La tradición oriental afirma que, después de Pentecostés, María Magdalena fue a vivir a Efeso con la Virgen María y San Juan y que murió ahí. A mediados del siglo VIII, San Wilibaldo visitó en Efeso el santuario de María Magdalena. En el 886 fueron llevadas sus reliquias a Constantinopla (hoy Istambul).

La primera mención del viaje de María Magdalena a la Provenza -Francia- data del siglo XI, a propósito de las pretendidas reliquias de la santa que se hallaban en la abadía de Vézelay, en Borgoña. Según la tradición francesa muy difundida en occidente, María Magdalena fue con su hermano Lázaro y Marta a evangelizar y pasó los últimos treinta años de su vida en los Alpes Marítimos, en el macizo de Sainte Baume. Poco antes de su muerte, fue trasladada al convento dominicano de Saint- Maximin, donde recibió los últimos sacramentos y fue enterrada por el santo. Todavía en la actualidad es muy popular la peregrinación a dicho convento y a la Sainte Baume.

La cuestión de la calavera de María Magdalena resulta muy difícil de explicar, ya que la reliquia parece tener su origen en Francia, al menos, lleva allí desde que se inició la construcción de la imponente iglesia gótica que la alberga, en 1295. Por aquel entonces la región se encontraba bajo el dominio de Carlos II de Anjou, rey de Nápoles, Conde de Provenza y sobrino de San Luis (rey de Francia).

La leyenda que cuenta que cuando la basílica fue construida, María Magdalena fue enterrada por su amigo Maximino, primer obispo de Aix. Siglos más tarde, la tumba fue abierta el 10 de diciembre de 1279. Los que abrieron la tumba encontraron en el interior del ataúd polvo y una tablilla de madera recubierta de cera con una inscripción que rezaba: “Aquí yacen los restos de María Magdalena.” Durante la apertura de la tumba en 1279, los presentes en la exhumación fueron testigos del maravilloso olor a perfume que desprendía el ataúd abierto.

Los huesos de su mandíbula fueron exhumados anteriormente, antes de la invasión sarracena del año 710, y enviados a Roma. Sin embargo, en 1279 el papa Bonifacio VIII decidió devolver la mandíbula a Francia, y el 6 de abril de 1296 se unió de nuevo oficialmente a la calavera de María Magdalena.

Durante la Revolución Francesa la calavera de María Magdalena fue retirada de la iglesia, aunque más tarde fue donada al arzobispo y guardada en un relicario de oro. Curiosamente la reliquia está ataviada con una peluca roja. Se encuentra custodiada simbólicamente por las esculturas de cuatro ángeles de oro, presumiblemente añadidos en 1860, ya que en su dorso aparecen grabados los números romanos “MDCCCLX”.

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¿La mano de la esposa de Jesús?

Otra famosa reliquia de María Magdalena es su mano, que se encuentra en el Monasterio de Simonopetra del monte Athos (Grecia). Es la mano izquierda de una mujer, una mano portadora de mirra que según la tradición perteneció a María Magdalena. De ella se cree que es incorruptible y muy milagrosa. También se cuenta de esta reliquia que desprende un agradable aroma, exactamente igual que en el relato de la apertura de la tumba francesa de María Magdalena.

Se conocen numerosas historias en relación con los milagros obrados supuestamente por esta preciada reliquia. Se cree por ejemplo que la mano de la Magdalena protege a los campos y cultivos de los agricultores, y que se encarga de eliminar continuamente a los gusanos que devoran las plantas. También se cree de esta reliquia que cuando se produjo un gran incendio en el año 1945 en un bosque cercano al monasterio, María Magdalena ayudó a traer agua suficiente para apagar el fuego y salvar al bosque y al monasterio. De forma parecida a la reliquia francesa, la mano izquierda de la Magdalena se encuentra protegida en el interior de un estuche decorado, y es venerada por miles de peregrinos todos los años.

Imágenes Vía Pinterest

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