El elixir de la eterna longevidad

La preocupación por alargar el periodo vital humano ha llenado de leyendas e historias las culturas mundiales con relatos espectaculares. Historias de largas longevidades se presentan desde la antigüedad y muchas de la mano de las religiones que describen las divinidades como seres inmortales…

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Para las religiones hindúes como el Budismo y el Hinduismo, así como en las antiguas religiones egipcias, el alma del ser humano y de todos los seres vivientes tiene más de una vida, en lo que se conoce como la reencarnación. Numerosos sistemas filosóficos a través de la historia, por ejemplo el gnosticismo, han buscado también la inmortalidad y el mito de la fuente de la juventud. Muchas de ellas plantean que ésta se logra por medio de la búsqueda de la sabiduría y el dominio del cuerpo mortal, pero otras sugieren la existencia de substancias, fuentes o lugares que detienen el deterioro biológico del cuerpo humano.

La excepcional duración de la vida en tiempos antiguos es una indicación del asombroso potencial del cuerpo humano. Valiéndose de las últimas técnicas de investigación, los científicos han logrado estudiar más a fondo el maravilloso diseño del cuerpo y su extraordinaria capacidad para regenerarse, concluyendo que debería durar para siempre. Por eso, el profesor de medicina Tom Kirkwood mantiene que: ‘El envejecimiento continúa siendo uno de los grandes misterios de las ciencias médicas’.

Sin embargo, para Jehová, el envejecimiento no es ni un misterio ni un problema sin solución. Su primera creación humana, Adán, fue un hombre perfecto que tenía la capacidad de vivir para siempre. Pero Adán se hizo rebelde y pecó contra Dios, con lo que se convirtió en un hombre imperfecto sujeto a la muerte. Esa es, de hecho, la explicación que tanto buscan los científicos. La Biblia la resume así: ‘Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y la muerte mediante el pecado, y así la muerte se extendió a todos los hombres porque todos habían pecado’.

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Longevidad antediluviana

Según antiguos textos cuneiformes, los diez primeros Reyes Sumerios gobernaron durante 456.000 años, y los veintitrés reyes posteriores al diluvio lo hicieron durante 24.510 años, 3 meses y 3 días y medio. Los nombres de muchos de esos monarcas figuran claramente escritos sobre ladrillos y monedas. Los sumerios enumeraron en tablillas de barro cocido los reyes anteriores al Diluvio. Son los siguientes:

  • Alulin, de la ciudad de Nunki, que gobernó 28.800 años.
  • Alagar, de la misma ciudad, que gobernó 36.000 años.
  • Enmeenluanna, de Badtabire, que gobernó 43.200 años.
  • Enmeengalanna, de Badtabire, que gobernó 28.000 años.
  • Damuzi, el pstor de Badtabire, que gobernó 36.000 años.
  • Enmeenduranna, de Sippar, que gobernó 21.000 años.
  • Dudu, de Schuruppak, que gobernó 18.000 años.

El comienzo de la Cultura Sumeria parece coincidir casi con el Génesis bíblico, ya que se encuentran en las citadas tablillas datos sobre las dinastías post-diluviales. Estos siguientes reinados son mucho más cortos que antes del diluvio, aunque haya cifras igualmente increíbles.

Según las sagradas escrituras, Adán vivió 930 años, y los patriarcas del Antiguo Testamento tuvieron una existencia inconcebiblemente larga. Si creemos lo que dice el Génesis. Set vivió 912 años, Enós 905, Cainán 910, Mahaleel 890, Jared 962, Enoc 365 Matusalén 969 años, Lamec 777 y Noé 950.

¿Hubo épocas en las que los seres humanos pudieron alargar sus vidas durante siglos? . Hay quienes sostienen que en aquellos días se medía el tiempo de forma diferente y que lo que la Biblia llama años son en realidad meses. Pero el libro de Génesis establece claramente que el cómputo utilizado entonces era, en esencia, el mismo que usamos hoy.

Hay argumentos que apoyan esta afirmación: el relato nos dice que el Diluvio comenzó “en el año seiscientos de la vida de Noé, en el segundo mes, en el día diecisiete del mes”. Más adelante explica que las aguas anegaron la Tierra por “ciento cincuenta días” y que “en el séptimo mes, en el día diecisiete del mes, el arca llegó a descansar sobre las montañas de Ararat” (Génesis 7:11, 24; 8:4). Por lo tanto los ciento cincuenta días que aquí se mencionan equivalen a cinco meses (desde el 17 del segundo mes hasta el 17 del séptimo mes). Queda claro que los meses de Génesis tenían treinta días cada uno.

El mundo cambió significativamente después del diluvio. Tanto la vegetación como la vida marina y terrestre fueron drásticamente reducidas y obligadas a comenzar de nuevo. Noé, a sus 600 años de edad, se bajó del Arca en este nuevo mundo también. Si el entorno fue la causa de la edad reducida, ¿por qué vivió Noé otros 350 años más?

Algunos han propuesto que los niveles mayores de oxígeno antes del diluvio (los cuales cambiaron significativamente después) habrían permitido que el cuerpo se sanara mejor y eliminara la enfermedad. Otra teoría apoya que antes del diluvio existía un dosel de vapor de agua que cubría la totalidad del mundo. Algunos teólogos piensan que no había luz directa del sol sobre la tierra, y que en cambio, los rayos se reflejaban a través de este dosel de vapor de agua y una luz difusa pasaba a través de las nubes e iluminaba el mundo. Esta refracción producía suficiente luz para nuestro planeta, pero como dice la teoría, también filtraba algunos rayos cósmicos dañinos que contribuyeron para que el tiempo de vida se acortara más rápidamente de lo que deberíamos. En el diluvio del tiempo de Noé, la Biblia dice que las fuentes del grande abismo fueron abiertas (Gn 7:11). Esto implica que una gran cantidad de agua a través de la lluvia cayó; de ahí, la idea del gran dosel de vapor de agua suspendido en el cielo. Después del diluvio el dosel desapareció y el peso de los rayos cósmicos cayó sobre la tierra disminuyendo el tiempo de vida de las personas.

Por otra parte, los hallazgos arqueológicos también son compatibles con lo que la Biblia dice sobre estos personajes. Según las Escrituras, el patriarca Abrahán se mudó de la ciudad de Ur a Harán, y luego a la región de Canaán; allí combatió contra Kedorlaomer, rey de Elam, y lo venció. Los arqueólogos han confirmado que todos estos lugares y personajes no son imaginarios. Además, sus descubrimientos sobre la geografía y las costumbres de la época de Abrahán concuerdan con lo que dice la Biblia. Siendo este el caso, ¿por qué habríamos de dudar del hecho de que este patriarca llegó a la edad de 175 años?

Finalmente, en Génesis 6:3 Dios dice: “Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años.” Podría ser posible que Dios acortara el período de vida del hombre debido a la gran maldad dentro del mismo hombre. Después de todo, el diluvio llegó inmediatamente después de esta declaración de Dios. Es también posible que los 120 años fueran proféticos; o sea, los años que pasaron para que el diluvio sucediera.

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Tradiciones y leyendas

Moisés tuvo un misterioso compañero, el Khidr, el ‘Maestro de los Solitarios’, quien, según el mito sigue vivo; renueva su juventud cada ciento veinte años y recorre el mundo practicando la alquimia… También San Juan Evangelista debe vivir ‘hasta que venga el Cristo glorioso’. Y dice la leyenda que el Rey Arturo y el Mago Merlín se encuentran dormidos y despertarán en su día para combatir al Anticristo, cuando éste intente apoderarse del Santo Grial.

Una notable declaración de Diógenes Laercio es la más antigua referencia acerca de una plausible longevidad centenaria aceptada por la ciencia. Diógenes declaró que el astrónomo Hiparco de Nicea aseguraba que el filósofo Demócrito de Abdera había vivido 109 años. Otras referencias de otros pensadores de la antigüedad griega corroboran el dato de que Demócrito había vivido más de cien años. La posibilidad de que ello sea cierto también es respaldada por el dato que la mayoría de los filósofos de la Antigua Grecia vivieron más de 90 años.

También una manifestación sorprendente: “Quiero –dijo Aristóteles a Alejandro-, daros a conocer el mayor de los secretos, que no sólo procuraría el bienestar de la República y de los particulares, sino que prolongaría también la vida. La operación que purgaría a los metales más viles de las partes corrompidas que contienen para que se conviertan en plata u oro puros, podría también eliminar las partes corrompidas del cuerpo y prolongar la vida durante varios siglos”.

En la tradición islámica también hay personajes de enorme longevidad como Madhi, el imán oculto de los chiitas, que desapareció en el siglo IX en el mundo subterráneo de Samarra en Irak, y que debe retornar a un día para agrupar a los pueblos que hayan continuado fieles a la tradición y luchar contra el Anticristo. La comunidad chiita continúa considerándose dirigida por ese Imán invisible, a quien todos deben jurar fidelidad, y es notable que en 1910 el Parlamento Persa iniciara sus sesiones en presencia del Imán oculto.

Mucho se ha oído hablar en la India de yoguis de varios cientos de años de edad, que viven en el Himalaya llenos de juventud. En las tradiciones orientales y en el taoísmo se habla de los ‘inmortales’.  También según el tantrismo, la longevidad humana puede llegar a varios siglos.

Los dioses antiguos eran inmortales y eternamente jóvenes, porque ingerían el néctar y la ambrosía del Olimpo. Y lo mismo conseguían los dioses Ases, en el cielo escandinavo, comiendo las manzanas doradas de la juventud, nunca probadas por los hombres. La ninfa Calipso prometió a Ulises eterna juventud si él se quedaba con ella en su isla, pero Ulises sólo permaneció siete años junto a ella y después prosiguió su interminable travesía de regreso a Itaca.

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Saint-Germain, el conde inmortal

Mucho se ha discutido sobre la vida de este personaje, a quien las enciclopedias parecen ignorar. Unos dicen que fue un rosacruz de grado elevado y otros un auténtico iniciado, ocultista, mago, alquimista, gran físico, químico y médico, escritor, poeta, músico, pintor y un genio en todos los conocimientos. Parece que dominaba todas las lenguas, antiguas y modernas. Se decía que Saint-Germain heredó colosales poderes, una gran parte de los secretos de Rosa-Cruz, eslabón de una larga cadena ininterrumpida desde los Templarios, que le hicieron inmortal.

Incansable viajero desde muy temprana edad y tras pasar largas temporadas en la India y en Persia, apareció en la corte francesa como fabricante y diseñador de joyas, momento en el que empezó a construirse su leyenda…

Durante una cena con Madame Pompadour, una anciana condesa creyó reconocerlo, aunque no podía acabar de entender lo que estaba ocurriendo, ya que ella conoció al Conde de Saint Germain en la Venecia de 1710… El Conde se acercó a la mujer para decirle con sencilla naturalidad: “En efecto, señora, yo la conocí a usted en aquellos días cuando aún era joven y hermosa. Yo soy muy viejo, debo tener más de 100 años…”

Fuera como fuera su presencia política aparece en muchos documentos históricos: fue diplomático en 1740 en la corte del rey de Francia, en 1762 fue cómplice de una conspiración para lograr poner a Catalina la Grande en el trono, en 1774 advirtió a Luis XVI y Maria Antonieta de que una revolución estaba a punto de llegar a Francia, en 1820 la condesa d’Adhemar habló con él sobre lo sucedido, lamentando la muerte de ambos…

La sombra de este hombre fue un constante hilo conductor en una Europa que empezaba a despertar al mundo en su modernidad, un personaje que pareció habitar tras cada telón y en cada decisivo acontecimiento. Casanova, el célebre aventurero, nos dejó estas palabras: “Este hombre singular jamás tocaba nada en los banquetes. Decía que su vida dependía de la alimentación que consumía y que nadie, excepto él, conocía.”

Se ha dicho que se le vio en Roma en 1901 y en Buenos Aires en 1910, y que tuvo algún papel en acontecimientos previos a la Primera Guerra Mundial. En 1939, un aviador estadounidense, cuyo aparato se estrelló cerca de un monasterio tibetano, refirió a su regreso que entre los monjes que le curaron había un europeo vestido a la usanza de la edad media, quien le dijo: «Yo soy el Conde de Saint-Germain. Pronto volveré a Europa». Parece que su última aparición conocida tuvo lugar en 1972, en la televisión francesa: un personaje que decía ser capaz de transmutar en oro otros metales se presentó ante las cámaras como el célebre conde.

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El elixir prometido

El conquistador Juan Ponce de León exploró muchas islas del Caribe y de la península de Flori­da, buscando la “fuente de la eterna ju­ventud”, de la que se hablaba en una vieja leyenda india. Se hallaba esta fuente en la isla Bimini, en las Baha­mas: “Sus aguas cristalinas tenían má­gicas propiedades: todo aquel que, enfermo o herido, se bañaba en ellas, quedaba inmediatamente curado. Los ancianos que lo hacían veían inmediatamente alisarse su piel arrugada y desaparecer sus canas. Sus miem­bros se volvían flexibles y su mente y to­do su organismo recuperaban la fuerza de la juventud”.

Fue Ponce de León, que tomó parte en el segundo viaje de Colón, el primer europeo que oyó hablar de ese manantial milagroso, siendo gobernador de la isla de Puerto Rico. Obtuvo la in­formación de los indios borinquinos. Y pidió autorización al rey Fernando de España para descubrir y colonizar la is­la de Bimini.

Es notable que el emperador inca Pachacuti abdicara en su hijo a la edad de ciento veinticinco años y que se conozcan casos de indios ame­ricanos que han vivido hasta los ciento ochenta años. Parece que las antiguas tribus indígenas del Amazonas también encontraron este secreto; lo que permitió vivir a sus habitantes más de 100 años y lo que les llevó a diferenciarse del resto por su aspecto joven, su vitalidad y el brillo que ofrecía su piel. Estas tribus conocían la importancia del camu camu, de nombre científico Myrciaria Dubia. Se trata del fruto de un arbusto del mismo nombre que suele medir entre tres y cinco metros, que crece de forma silvestre a las orillas de algunos ríos de la selva amazónica.

Los frutos de esta planta contienen una excepcional concentración de vitamina C, hasta hace poco se sabía que posee al menos 16 veces más que la pulpa de naranja, pero en una reciente exploración al Amazonas se descubrieron ejemplares que presentan entre 3000 a 6000 mg de ácido ascórbico cada 100 g de pulpa, es decir, entre 57 y 114 veces más concentración que la naranja, siendo de un excepcional valor nutritivo y medicinal.

El conocido y debatido autor Lob­sang Rampa decía que: “si una persona pudiera reemplazar con absoluta exactitud todas sus células orgánicas en la misma forma en que se encuen­tran las que quisiera sustituir, podría seguir viviendo eternamente, ya que si el organismo va desgastándose sólo es porque el mecanismo que reempla­za las células tiene una memoria cada vez más deficiente y así, las células sustituidas y las nuevas son progresi­vamente menos parecidas”.

Se ha descubierto en 2013 un mecanismo más del envejecimiento que puede ser revertido; es el producido por el progresivo deterioro de los mecanismos químicos de comunicación entre el núcleo de las células y las mitocondrias. Ambos interactúan para asegurar un funcionamiento celular saludable y correcto por medio de una serie de eventos moleculares que permiten esta comunicación interior y, cuando esta comunicación se rompe, vicia o hace confusa, el envejecimiento se acelera.

¿Qué hay que hacer para vivir para siempre? Antes de nada, no descartemos esa promesa como una mera ilusión. Recordemos que Jesús dijo: “El que oye mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna”..

 

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