El hombre que pesó el alma de las personas

Durante siglos, la cultura occidental ha albergado, entre su repertorio de ideas y creencias sobre el más allá, el supuesto de que la esencia de los seres humanos se encuentra en una sustancia inmaterial a la que solemos llamar alma

El-peso-del-alma


El alma es un concepto tan misterioso como impreciso y confuso, y es por eso que es tan desdeñado por la ciencia, encargada de describir la naturaleza a partir de pequeñas observaciones y asunciones prudentes, como utilizado por las religiones, que de manera muy ambiciosa apelan a los grandes misterios que desde un mundo inmaterial parecen guiar el orden del cosmos.

21 gramos

A principios de 1900, un médico llamado Duncan MacDougall realizó un experimento para ver si el alma humana podía pesarse. Estableció un experimento único y macabro en el que pesaba las almas de los pacientes con enfermedades terminales, en el mismo momento de su muerte.

Cabe destacar que finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX fue una época en la que tuvo una gran influencia el espiritismo y todo lo relacionado con los temas paranormales sobre almas, muerte y el más allá.

El médico estadounidense Duncan MacDougall, doctor en biología, basó sus experimentos en un sencillo planteamiento: si el alma existe dentro de nosotros debe tener una masa y si tiene masa debe tener un peso. Por lo que una balanza sería la herramienta indicada para llevar a cabo ésta demostración.

Duncan McDougall decidió experimentar con seis personas moribundas, infectadas de tuberculosis, pesándolas en camas colocadas sobre balanzas al momento de su agonía, y comparándolo en el momento de su muerte. Los resultados fueron intrigantes: el peso de los pacientes en el paso de la vida a la muerte tenía un promedio de 21 gramos, aunque no todos los fallecidos dieron exactamente el mismo resultado.

  • Primero: Perdió 21 gramos en el momento de la muerte.
  • Segundo: Perdió una masa de 21 gramos por hora durante las cuatro primeras horas, acumulando un total de 85 gramos. Notó que en el momento en el que los músculos faciales del paciente dejaron de moverse, la báscula marcó 14 gramos menos. Al verlo comprobó si el corazón había dejado de latir y midió el peso del cuerpo otra vez, obteniendo una diferencia de peso de 46 gramos.
  • Tercero: Perdió 14 gramos en el momento de la muerte y 28 gramos “durante los siguientes minutos”.
  • Cuarto: Declara la prueba inválida.
  • Quinto: Perdió 11 gramos en el momento de la muerte.
  • Sexto: Declara la prueba inválida.

El Dr. McDougall colocaba a un paciente moribundo en la cama en una de las plataformas construidas expresamente para este experimento. Colocaba un peso igual al paciente en la otra plataforma, a manera de balanza. Según dice el doctor, la herramienta que usó para medir el peso era sumamente sensible tanto que podía determinar una décima parte de una onza.

Una vez determinado que cada persona perdía como media esa cantidad de gramos el siguiente paso era averiguar cuál era la causa, a lo que el doctor MacDougall en lugar de buscar respuestas científicas y pruebas que demostrasen que podía ser debido a la pérdida de fluidos corporales, incluso del aire o gases contenido en el organismo una vez exhalado, prefirió avalar la teoría de que los seres humanos poseemos alma.

Duncann-MacDougall

Las conclusiones

El doctor Duncan MacDougall dio a conocer sus conclusiones a través de un comunicado a la prensa a principios de 1907, por lo que  The New York Times publicó un artículo titulado ‘Soul has weight, physician thinks’ (El alma tiene peso, el facultativo piensa) el 11 de marzo de aquel mismo año, haciéndose eco del descubrimiento del médico. El 11 de mayo en el ‘Journal of the American Society for Psychical Research’ (publicación de la organización de parapsicología de la que formaba parte MacDougall) publicó el artículo firmado por el propio médico: ‘Hypothesis concerning soul substance together with experimental evidence of the existence of such substance’ (Hipótesis relativa a la sustancia del alma junto con evidencia experimental de la existencia de tal sustancia).

Si bien es cierto que el artículo del New York Times sobre Duncan MacDougall y el peso del alma tuvo mucha repercusión, también lo es cierto que no fue acogido positivamente de manera unánime. La comunidad científica de aquella época ya desconfiaba enormemente de las incursiones experimentales en el reino de lo sobrenatural, y el experimento de los 21 gramos se basaba en unas ideas que atentaban directamente contra el principio de parsimonia, usado en ciencia para señalar que las explicaciones a un hecho objetivo deben ser lo más sencillas posibles. Es por eso que los resultados obtenidos por este médico dividieron al público en dos posturas polarizadas.

Para reforzar sus resultados, MacDougall realizó una variante del experimento utilizando quince perros, para llegar a la conclusión de que no se apreciaba un cambio en el peso de estos animales antes y después de morir, lo cual indicaría que tal y como sostienen ciertas creencias religiosas los animales no humanos carecen de alma; otro de los mitos también ampliamente difundido y rebatido en su día por el también médico Augustus P. Clarke, quien apuntó que las conclusiones de su colega eran erróneas debido a que en el momento de la muerte se produce un repentino incremento de la temperatura corporal a causa de que los pulmones dejan de enfriar la sangre y que el consecuente incremento de la sudoración podría explicar fácilmente los 21 gramos de menos defendido por MacDougall, además de que hay que tener en cuenta que los perros carecen de glándulas sudoríparas por lo que no es de extrañar que el peso de estos animales no sufriera ningún cambio súbito en el momento de morir.

21-Gramos-04
Fotograma de la película ’21 gramos’

A pesar de tratarse de un supuesto pseudocientífico ampliamente refutado, este es uno de los mitos en los que más personas creen en él, existiendo la errónea convicción de que el alma pesa 21 gramos. De hecho está tan incorporada en la cultura popular que incluso se filmó una película en el año 2003 que llevaba por título ’21 gramos’ y que fue dirigida por Alejandro González Iñárritu.

 

 

 

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