Las sirenas, un encuentro entre la ciencia y el mito

El 15 de junio de 1608, el capitán inglés Henry Hudson escribió esto en su cuaderno de bitácora, tras navegar cerca de la costa norte de Rusia: “Esta mañana, uno de nuestra tripulación vio una sirena por la borda. Los marineros Thomas Hilles y Robert Raynar dijeron que, aunque el cuerpo era grande como el de un hombre, tenía espalda de mujer y senos, piel pálida, cabello largo y negro y cola de delfín moteada como una caballa”…
Waterhouse, John William, 1849-1917; A Mermaid
Pintura de John Willian

Las sirenas son una de las criaturas más representativas de las leyendas y el folclore de muchas culturas, especialmente todas las que han tenido contacto con el mar. No sólo libros e historias mitológicas, las leyendas de los marineros han mantenido vivo el mito de las sirenas, siendo criaturas que fascinan a los historiadores y humanos en general.

La sirena más arraigada en nuestras mentes y la que mejor conocemos proviene del folclore medieval y escandinavo: la sirena mitad-mujer mitad-pez. La segunda proviene de la mitología griega, donde la sirena se representa como una quimera mitad-mujer mitad-pájaro.

En Babilonia, hacia el 5.000 a.C., existía la creencia en Oannes, diosa con forma de pez. También en Siria se adoraba a Atagatis, la diosa de la Luna. Aunque al principio nacieron como híbridos de mujer y ave, en Occidente se cambió la visión de las mismas desde el lanzamiento del Liber Monstrorum, un manuscrito anglo-latino del siglo VII que las cataloga de criaturas fantásticas. Desde entonces conocemos a las sirenas como híbridos entre mujeres y peces. Durante los siglos XIX y XX se las representaba según el canon romántico de la época, sentadas en rocas y peinándose de forma sensual los largos cabellos dorados.

Un cuenco descubierto en Atenas en 1947 durante las excavaciones del Ágora ilustran un pasaje de la canción donde Ulises está seducido por las hijas de Achéloos y ambos hacen de sus sirenas: mujeres con colas de los animales marinos. El cuenco data del siglo II a.C.

Pero si hay un rasgo que define a este ser mitológico, es sin duda el gran poder de seducción que se atribuía a su voz. Esas voces eran lo que se conocía como el canto de las sirenas, una terrible amenaza a evitar por los marineros de la Antigüedad durante sus navegaciones por el Mediterráneo.

¿Existieron las sirenas?

En la isla Kyushu, Japón, se encuentra un templo llamado Ryuguji. Es un templo pequeño, sin embargo es el único en el mundo donde se guardan los restos de un animal mitológico : una sirena. Este templo centenario, rodeado de grandes edificios modernos, oculta los supuestos huesos de una sirena desde el siglo XIII. La entrada no es libre, hay que reservarla previamente por teléfono.  Además fuera de las fronteras niponas su existencia es más bien desconocida.

Cuenta la leyenda que una sirena fue enterrada en el templo después de que se construyera un muelle en el Japón medieval del año 1222. Abe-no Otomi, un sabio con conocimientos de ciencia y magia de la época aseguró en dicho momento que la aparición de la sirena era un buen augurio para la larga prosperidad de la nación. Mediante las indicaciones de este maestro o chamán, la sirena fue enterrada en uno de los pasillos secundarios, al lado del principal dedicado a Kanzeon Bodhisattra. Ahora la leyenda asegura que las sirenas proceden de Ryugu, un palacio místico donde el dios dragón del mar reside en el fondo del océano.

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Foto de Shinjiro Sadamatsu
En la actualidad puede verse un pequeño monolito en el templo con un grabado que podemos traducir como ‘tumba de la sirena’. Posteriormente los huesos fueron desenterrados, aunque solo se conservaron seis piezas que fueron encontradas en la excavación del templo, entre los años 1772 y 1781. En la era Meiji, una vieja tradición del templo permitía a los visitantes beber agua que había estado en contacto con los huesos, ya que se creía que de esta forma se evitaban las epidemias.
Como es el caso con muchos cuentos de sirenas, éste nos conduce inicialmente a un mamífero marino carnoso. Al igual que sus parientes cercanos los manatíes, los dugongos pertenecen a la orden Sirenia, cuyos miembros han inspirado largos mitos de sirena en todo el mundo. Los blandos gigantes son los dobles perfectos de las sirenas y, de hecho, muchas anécdotas sugieren que los antiguos marineros los confundieron con las mitológicas criaturas.

Cantos de sirena

En julio de 2012, el canal de cable Animal Planet (de la cadena Discovery Networks) emitió el controvertido programa “Sirenas: El Cuerpo Hallado” (Mermaids: The Body Found). El programa investigaba la posible existencia de estos míticos seres acuáticos. En el especial de casi dos horas de duración pretendía revelar la existencia de una especie marina desconocida a partir del trabajo de investigación de un grupo de científicos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de los Estados Unidos.
Comienza asegurando que en el año 1997, científicos del NOAA captaron un sonido misterioso en el Océano Pacífico, al cual denominaron “el Bloop” y que podría pertenecer a una especie aún desconocida. Luego muestra el hallazgo de un grupo de ballenas y delfines muertos en una playa del estado de Washington en el año 2004. El Dr. McCormick, biólogo marino de la NOAA, creía que las pruebas de algún tipo de nuevo armamento de la Marina estadounidense eran responsables de los cuerpos de animales hallados en la costa. Mientras investigaba esta posibilidad, encuentra un nuevo misterio: los micrófonos submarinos de la NOAA, además de registrar los ejercicios de la Marina y los sonidos de las ballenas y delfines, también grabaron un sonido de origen desconocido, posible evidencia de una especie aún sin clasificar.
La hipótesis del simio acuático sostiene que en sus orígenes los ancestros del ser humano surgieron del océano. Cuenta que hace unos siete millones de años, nuestros antepasados simios bajaron de los árboles y se vieron obligados a vivir en la costa marina, sobreviviendo a base de crustáceos y moluscos. Luego, se introdujeron al mar en busca de alimentos, nadando con sus dos piernas, para que luego de millones de años, sus piernas se fusionaran en una cola, como la de los mamíferos acuáticos. Se presenta la posibilidad de que este hipotético simio acuático haya evolucionado hasta desarrollar características comunes a los mamíferos acuáticos y los humanos. Al documental no se le dio rigor científico alguno pues pareció indicar la búsqueda de alguna conspiración o complot por parte de la Marina estadounidense para ocultar los restos de esta nueva especie.

De todos modos este hecho llevó a numerosas investigaciones, siendo que el científico Christopher Fox, de la NOAA, empezó a sospechar en la posibilidad de eventos geológicos como volcanes o terremotos o  que pudiese tratarse fracturas de hielo antártico. En los últimos años, los científicos lograron dar una repuesta: encontraron que los sonidos de amplio espectro registrados conocidos como “Bloop” son consistentes con icequakes, es decir, temblores generados por grandes icebergs que se agrietan y fracturan.

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Buscando la bella entre la bestia

En 1990, el respetado oceanógrafo y profesor emérito Karl Banse publicó un artículo científico para la Asociación Norteamericana de Limnología y Oceanografía sobre la biología, cultura y extinción de las sirenas, “Mermaids, their biology, culture and demise”. Dotado de todo el aparato crítico de un artículo de divulgación científica, su texto fue recibido por algunos como una locura y por otros como un gesto de humor e ironía, que despertaba su curiosidad.

A modo de introducción Banse establece que este trabajo se sitúa en algún lugar entre la ciencia, la antropología y la historia. De acuerdo al artículolas sirenas son seres extintos; plantea que su desaparición se debe probablemente a los avances tecnológicos de la navegación y a los cambios en las poblaciones de medusas (animales letales para la especie). Contrario a lo que se cree, esta criatura no tiene escamas, en su lugar tiene pliegues rugosos como los armadillos y habita en aguas cálidas. Según la región geográfica de la que provienen, existen tres especies conocidas de sirenas: Sirena sirena (Mar Mediterráneo), Sirena indica (Mar Caribe) y Sirena erythraea (Mares Rojo, Arábigo e Indonesio). Además, las sirenas descritas por Banse tendrían pulgares oponibles, un cerebro desarrollado y una frente amplia.

Por no poder usar el fuego, carecían de tecnología y tampoco disponían de plantas marinas con fibras adecuadas para hacer canastas, cuerdas o ropa. Por ello, Banse compara su civilización con la Era de Piedra y deduce que criaban ostras y pastos marinos para alimentarse. Su estructura socio-política era relativamente avanzada, practicaban el comercio y usaban algún objeto a manera de dinero, tal vez conchas o caparazones de mares nórdicos, especula Banse, difíciles de conseguir en su hábitat natural. Además, se comunicaban a través de sonidos, como lo hacen otros animales marinos. 

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Retrato de sirena

Las sirenas son criaturas que sufren su naturaleza dual, como es el caso de la protagonista del cuento de Hans Christian Andersen. Símbolos de la inferioridad y la vileza de la mujer en el mundo cristiano, retratadas en los bestiarios medievales, las sirenas simbolizan a la mujer como origen de las tentaciones mundanas, de la lujuria y el deseo: seres que encantan y privan de la razón a los hombres. No hay tradición popular que no perpetúe a la mujer como símbolo de tentación o peligro. Proverbios que la mujer y la peligrosa seducción nacieron el mismo día.

En el mito de la Sirena se conjugan la seducción y la prohibición. La sirena en su cuerpo dividido (mujer-pez) presenta la paradoja en la que un cuerpo se encuentra erotizado pero rehúsa cualquier contacto con el otro. Refleja una sensualidad de la que no se puede hacer cargo. La sirena representa una belleza ideal expresada a través del sonido. El canto de la sirena: La música que embriaga, adormece e hipnotiza con una promesa de amor eterno, pero nunca cumplido.

En la obra ‘La Odisea’ de Homero se cuenta que para protegerse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas.

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