El ‘Papa Negro’, fundador de la Iglesia de Satán

Satanás es para algunos un ser real, la encarnación del mal, el príncipe de las tinieblas, el guardián del infierno, una criatura maléfica y degenerada del abuso moral y carnal…  Según la creencia popular inculcada por el cristianismo, los satanistas optan por potenciar su lado malvado y oscuro, un objetivo alcanzado mediante las misas negras, rituales mágicos que conferirían a los adoradores de Satán el poder necesario para llevar a cabo sus propósitos perversos y despiadados.

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Lo cierto es que existen muchas sectas satánicas que adoran y le rinden culto al diablo como deidad espiritual aunque para ellos, en la gran mayoría de los casos, el diablo no representa ni el bien ni el mal pues, en realidad, es una figura ambivalente y neutra de orígenes ancestrales que simboliza la sabiduría y las fuerzas de la naturaleza.

Actualmente sin embargo, el satanismo más extendido es el ateísta, aquel que no reverencia ninguna divinidad ni reconoce la existencia de Satán como ser sobrenatural. Los seguidores del satanismo ateísta, como su nombre indica, se proclaman ateos. Conciben la vida en el aquí y ahora y niegan la figura de Satán como una entidad real y descriptible, adorándose únicamente a ellos mismos.

La Iglesia de Satán

La Iglesia de Satán es una organización religiosa legalmente oficial, fundada en la noche de Walpurgis de 1966 por Anton Szandor LaVey, también conocido como el Papa Negro, en contraposición al Cristianismo. Según su sistema, este día es el año I del reino de Satanás. Actualmente, el Sumo Sacerdote de la Iglesia de Satán es Peter H. Gilmore.

LaVey acusó al cristianismo de ser una plaga en la tierra que atemoriza, reprime y no deja pensar a millones de personas. Le acusa de haber utilizado la idea del demonio para atemorizar a la gente, haciéndola su mayor benefactora en la Tierra. Considera, pues, a Satán como la representación de la inteligencia y la humanidad en la Tierra y se refiere a su descripción original según la biblia, en la que Satán era un ángel de Dios que pensó por sí mismo y se rebeló contra Él.

La iglesia de LaVey reniega de los sacrificios y profanaciones que otros proclamados satánicos realizan, a los que acusa de ser tan estúpidos como los cristianos y jugar a su mismo juego, solo que del otro lado. A diferencia del pensamiento cristiano, el satanismo afirma que el bien y el mal son conceptos relativos, y que debemos tratar a los demás del mismo modo en que nos tratan a nosotros, defendiendo así la justicia y la venganza.

Los fundamentos ideológicos en los que se basa la Iglesia de Satán fueron recogidos en La Biblia Satánica, una obra de tipo filosófico escrita por el mismo LaVey y basada en las reflexiones de Friedrich Nietzsche, quien abogaba por el materialismo y el individualismo. Los satanistas consideran pues a Satán como la representación de la inteligencia y la humanidad en la Tierra; aborrecen toda forma de hipocresía y conformismo; consideran que la felicidad real se logra a partir del propio desarrollo personal, el egoísmo y la satisfacción de los impulsos y no a partir de la abstinencia y la culpa.

Es posible que las malas interpretaciones de las personas del común respecto del movimiento radique en que la Iglesia de Satán tiene algunos toques oscuros que tienden a ser asociados con el satanismo de la creencia popular, como la vestimenta ritual y el uso del Sigilo de Baphomet. Todo ello está estudiado y medido en un claro objetivo comercial y recaudador que viene a ser al fín y a la postre el objetivo de la difusión de estos equívocos.

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El Papa Negro

Uno de los personajes más enigmáticos del siglo XX fue Anton Szandor LaVey, fundador de la Iglesia de satán y denominado por muchos como el Papa Negro. LaVey nació en Chicago, Illinois, el 11 de abril de 1930, bajo el nombre de Howard Stanton Levey, del matrimonio conformado por un padre ruso y una madre ucraniana que habían emigrado a Estados Unidos en 1893. Poco tiempo después de nacer su familia se trasladó a California, donde pasó los primeros años de su infancia. Ya en su adolescencia, LaVey abandonó la escuela secundaria para unirse al circo, primero como trabajador y luego como músico tocando el organillo y como domador de leones, trabajando posteriormente como organista en bares, salones y clubes nocturnos de California.

LaVey se trasladaría a San Francisco donde presuntamente trabajó durante un tiempo como fotógrafo para el Departamento de Policía de esa ciudad, comenzando después sus primeras incursiones en el mundo del ocultismo como investigador psíquico para la policía. Lavey pronto comenzaría a ganar fama a través de sus pesquisas e investigaciones paranormales y actuaciones en directo como organista, atrayendo a conocidas personalidades y celebridades de San Francisco, con las cuales comenzó a reunirse los viernes por la noche en unas esotéricas reuniones semanales conocidas como el “círculo mágico”. Los miembros de esta especie de secta, fascinados por las novedosas ideas de Lavey, le plantearon que éstas constituían la base perfecta para fundar una nueva religión.

De ese modo, durante la noche del 30 de abril de 1966, fecha en la que en Europa se celebra la noche de Walpurgis o Noche de las Brujas, Lavey ritualmente se afeitó la cabeza, declaró la fundación de la Iglesia de satanás y proclamó 1966 como el “Anno satana”, vale decir, el primer año de la era de satanás. Tras fundar la Iglesia de satanás, los periódicos “Los Angeles Times” y el “San Francisco Chronicle” ya hablaban de LaVey como “El Papa Negro”. Y como un verdadero antiPontífice, LaVey comenzó a presidir bautismos satánicos y funerales satánicos, presentando incluso un álbum musical titulado “La Misa Satánica”.

Según confesara el mismo Anton LaVey, sus principales influencias ideológicas se remontaban a la filósofa y escritora Ayn Rand, fundadora del objetivismo; Friedrich Nietzsche, el filósofo alemán que proclamó que Dios estaba muerto; el ocultista inglés Aleister Crowley; el periodista, crítico social y librepensador norteamericano H.L. Mencken y el escritor Jack London, de los cuales estudió sus escritos para elaborar los rituales de su Iglesia de Satanás y “La biblia satánica”. Sus libros, entre los que destacan, además de “La biblia satánica”, “La bruja satánica” y “El libro de notas del diablo”, que venderían más de medio millón de copias en todo el mundo y le proporcionaron una gran fama, le valieron ser objeto de atención de numerosos artículos en medios de comunicación de todo el mundo, incluyendo algunas revistas muy populares y algunos programas de televisión.

Anton LaVey falleció finalmente el 29 de octubre de 1997 en el Hospital de Santa María, San Francisco, de un edema pulmonar. Su hija Karla, quien era gran sacerdotisa de su secta, informó en ese momento a la prensa que su padre había dejado establecido que en su tumba se debería poner el siguiente epitafio: “Sólo lamento las veces que he sido demasiado amable”. Sin embargo, para evitar que sus restos fueran utilizados en eventuales rituales satánicos, el cadáver de LaVey fue incinerado y sus cenizas fueron eventualmente divididas entre sus herederos, como parte de un acuerdo debido a que supuestamente poseían un gran poder oculto.

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